Entrevista con Boris Spassky (I)

21/03/2016 – Boris Spassky, nacido en 1937, es el campeón mundial vivo de más edad. En los años setenta, Spassky emigró desde la Unión Soviética a Francia. Hace unos años regresó a Rusia. Tras dos apoplejías, está disminuido físicamente, pero su mente está totalmente despierta. La revista rusa Sport-Express publicó una magnífica entrevista muy amplia. La primera parte, traducida al castellano...

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Boris Spassky en Sport-Express (primera parte)

Boris Spassky vive en un casa pequeñísima en la planta baja de un edificio. La parada de metro más próxima a su casa es la de Ryasansky Prospekt, pero aún así está a mucha distancia. Al lado de muchos libros de historia sobre la Rusia de los zares ha colocado un retrato del joven Bobby Fischer. Miramos la foto y Boris Vasilevich nos contempla a nosotros. Se sonríe casi imperceptiblemente. Por fuera hay silencio. Una linterna ilumina el temporal de nieve; la gente anda por la calle con los cuellos de sus abrigos subidos. Boris Spassky no se dará la vuelta para mirar la ventana ni una sola vez durante las próximas tres horas.

Boris Spassky: ¡Usted no es jugador de ajedrez! (nos desenmascara Spassky)

Sport Express: Tiene Ud. toda la razón.

Pero yo lo soy. Es un campo especial muy determinado.

Pero, Ud. también está graduado en Derecho.

Sí, en la Universidad de Petrogrado. ¡Pero no tiene ningún valor! ¡Si no fue una formación profesional!

¿Eso le parece?

Sí, desde luego. Habría sido más fácil aprender algo por su propia cuenta y estudiar literatura de la Antigüedad o Filosofía. En la universidad soviética no había mucho de eso; nunca se trataban las cosas realmente importantes. Lamentablemente no les puedo ofrecer nada de alta graduación alcohólica. Hay algo para beber, pero no las cosas apropiadas.

No se preocupe, Boris Vasilevich. Usted ha pasado bastante mal rato ¿Cómo se encuentra?

Sufrí dos apoplejias en diez años. La primera la tuve en San Francisco. Estaba dando una charla sobre el ajedrez. Me operaron con éxito y ya me volvía a mover como un caballo de ajedrez. La segunda me pilló en Moscú. Hasta ahora sigo vivo. Pero el brazo izquierdo y la pierna izquierda se portan mal. Están de huelga. Pero mi coco sí que sigue trabajando.

¿Usted sale de casa?

A veces salgo de viaje. En otoño me acerqué a Berlín para atender al estreno de la película "Sacrificio de Peón". En Moscú hace poco se celebró el 100 aniversario de Paul Keres, una persona importante del ajedrez. Me atreví a salir y me acerqué a la calle Choroshovka. Han construido un nuevo edificio de la universidad politécnica allí. Como verán a veces puede pasar que tengo que maniobrar por todo el tablero. ¡Y encima la guerra!

¿Qué clase de guerra?

Me estoy divorciando de mi esposa francesa. Salgo con la piel entera, pero perderé toda mi fortuna.

¿Todo?

Sí, todo. Quizá pueda salvar el archivo de ajedrez. Mi esposa francesa me lo está poniendo difícil y mi hijo francés también. Nadie dice directamente "no". Suelen utilizar formulaciones como: "Ven a buscarlo". Pero eso, en las condiciones físicas en las que me encuentro, eso es complicadito. Ya me he acostumbrado al hecho de que es imposible evitar las pérdidas, desde el punto de vista técnico. Pero por lo menos no me ha abandonado la energía y las ganas de vivir. En 2012 incluso tuve que huir de Francia, dejando mis cosas allí. ¡Lo más importante es estar vivo!

Nos hemos enterado de que la situación fue peligrosa.

Me han ayudado dos mujeres, Valentina Kuznetsova y Maria Okhonikova. Me han traído desde París a Moscú con la ayuda de unos agentes especialmente seleccionados para ello. A continuación hubo un escándalo en la prensa.

¿Qué sería lo primero que Ud. sacaría del archivo de ajedrez?

Dos manuscritos. Mi libro con el título "Duelo Dramático" esta a punto de terminarse.

¿Trata del duelo con Fischer?

No, es sobre el duelo contra Korchnoi en Belgrado. En el archivo además hay libros que son muy importantes para mí. "Máscara y Alma" por Shalyapin y las memorias de Yuri Morfessi. También hay fotos y algunos galardones.

¿De qué tipo?

La medalla de Campeón del Mundo y también algunas otras que he ganado con el equipo nacional de URSS en diversas olimpiadas de ajedrez.

¿Le entregaron una corona cuando se coronó campeón del mundo?

En nuestros tiempos nos daban una medalla y una corona de laurel. La corona de laurel se la solía mandar a la esposa inmediatamente.

¿Para la sopa?

Hombre, una corona de laurel aguanta bastante tiempo. Lo comenté con Botvinnik. Metió la primera corona en la sopa y guardó la segunda. Mientras tanto había llegado a ser más maduro y más astuto.

Usted mencionó que acudió al estreno de la película "Pawn Sacrifice" (Sacrificio de Peón).

Boris Spassky en Berlín (Foto: André Schulz)

Spassky en Berlín (Foto: André Schulz)

No tomé el avión sino que fui en tren al Campeonato del Mundo de Ajedrez Rápido y Relámpago en Berlín. Es mejor para mí salud. Por cierto, la pelicula no era para tanto.

¿Qué es lo que no le gustó?

Todavía recuerdo exactamente cómo era todo en aquel entonces. Mentalmente estoy totalmente en forma. Lo que he visto era una obra, un espectáculo, con algún suplente.

Es sorprendente la manera como Ud. lo expresa.

Realmente era tan artificial todo...

¿Lo hizo bien al menos el actor que le representó a Ud.?

¡No que yo sepa!

¿Y Fischer?

Tampoco han dado en el clavo con él. El actor que lo representaba ponía los ojos en blanco, pero Fischer nunca hacía semajante cosa. También la estatura, los gestos, el comportamiento... nada pegaba. En la película no había intriga y eso cuando era lo más importante, el hecho de que yo estuviera dispuesto a seguir jugando, simplemente lo omitieron. ¡Podría haber dado por terminado el duelo y marcharme como vencedor tal y cual!

¿Fue buena decisión quedarse?

Ahora posteriormente sé que no ha servido para nada. Quería darle la oportunidad a Fischer aún de conseguir algo. Pero él ya había comenzado a recoger las velas. Imagínense que hubiésemos sido boxeadores y el uno dice: "Se acabó. Me rindo. Acepta mi rendición". No lo quería aceptar.

¿Pero se daba cuenta él mismo que había dado por perdido el duelo?

¡Hombre, claro, si no se ha presentado a la segunda partida! El árbitro arrancó el reloj y confirmó la derrota de Fischer. Hasta aquel duelo aún no había ganado ni una sola partida contra mí.

Entonces Ud. acudió a la tercera partida y sufrió una derrota.

Sí. Fischer llegó a ganar mucha confianza en si mismo y comprendió que podía competir.

Pero los acompañantes soviéticos suyos, ¿no insistieron en que Ud. se marchase?

¡Me lo ordenaron! El presidente del comité de deportes, Sergey Pavlov habló conmigo media hora por teléfono y me decía exactamente lo que tenía uqe hacer: "Protestas contra eso y aquello y te marchas". Pero yo me rebelé y dije: "¡Voy a jugar!" Claro, fui tonto. Al fin y al cabo de eso dependía más que solamente mis intereses particulares.

¿Parece que Ud. estaba convencido de que iba a derrotar a Fischer?

Me daba pena. Me daba cuenta que el chico estaba perdiendo la razón. Y yo tenía buena relación con Bobby. Yo no soy Korchnoi quien tiene que odiar a su oponente para poder enfrentarse con él. Yo tenía delante a un niño que había perdido los ánimos. ¿Cómo se puede hablar de odio entonces? Pero yo tenía alma de deportista, uno para el que la victoria es lo más importante. Pero no ideaba trucos, no era yo como Fischer, quien solía protestar por cualquier cosa y en todo momento posible. O les exigía algo a los organizadores islandeses, o a Max Euwe, que entonces era el presidente de la FIDE o bien al bando soviético. Los pájaros en la bahía de Reikiavik habían dejado de cantar. ¿Y quién era el culpable? Pues Spassky. Entonces me di cuenta de que todo aquello solo era un refinado juego psíquico.

¿De verdad?

Por detrás de Fischer había un ideólogo que se llamaba Lombardy. Había sido su idea tenerme intranquilo todo el rato. Durante el duelo ya había notado que alguien estaba presionando mucho sobre Bobby. Entonces pensaba que era Cramer, pero me equivoqué. Este loco estaba cerca de Fischer todo el tiempo y armaba líos.

¿Se refiere al teniente en la cima de la federación estadounidense de aquel entonces?

No, el teniente se llamaba Edmondson. Cramer era un hombre de negocios, uno increíblemente entrometido. Me dejé escapar otro momento más: antes de la tercera partida hubo un choque entre el árbitro principal Lothar Schmid y Fischer. Bobby se puso a gritarle: "¡Eh, cállate la boca!" ¡Qué manera de conversar más inapropiada!

¿Qué tenía que ver Ud. con eso?

Lo mejor habría sido levantarme y decir: "Oye Bobby, basta por hoy. ¡Juguemos en otro momento!". Euwe se había reunido conmigo previamente, comentándome: "Boris, Ud. puede dejarlo y marcharse cuando quiera. Lo comprendería absolutamente. Bobby se está comportando muy mal... Nunca antes se ha permitido semejante cosa un aspirante al título mundial". Pasa muy pocas veces que un presidente de la federación internacional de Ajedrez sea tan franco.

Su relación con Fischer no era muy buena.

En 1975 Euwe se vengó con Fischer. Le quitó el título mundial y se lo dio a Karpov sin que tuviese que jugar. Pero eso ya es otra historia.

¿Usted ha vuelto a coincidir con Lombardy?

Hace tres años, en Dresde en un encuentro para grandes maestros mayores de 75 años, en el "Día de las Leyendas". Lombardy también estuvo. Me dejaron un recado con sus palabras con respecto al duelo contra Fischer. "Queríamos sacar de quicio a Spassky a toda costa. No se debía enterar de lo que estaba pasando". Lo que más miedo les daba era que yo no lo aguantara y que cerrara de golpe la puerta.

Boris Spassky en el "Día de las Leyendas" (Foto: Dagobert Kohlmeyer)

William Lombardy el "Día de las Leyendas" (Foto: Dagobert Kohlmeyer)

Foto: Dagobert Kohlmeyer

Un complicado ejercicio de equilibrio.

Creo que ya sabían lo que estaba pasando en mi delegación.

¿Y eso?

Mi entrenador era Ivo Nei, de Estonia. Resultó ser espía estadounidense. Acordó una cooperación con Robert Byrne, que tenía una columna de ajedrez en el New York Times, como coautor para un libro sobre el duelo. Nei conocía todas nuestras ideas. Y los americanos querían obtener información. Si hubiese decicido marcharme, se lo habrían comunicado a la delegación de Fischer inmediatamente.

¿Cómo es posible que la KGB haya permitido que se acercara este tipo de personas a Ud.t?

¿Cómo que la KGB? Yo únicamente sé que el comité de deportes había mandado a alguien para controlar las sillas por las noches.

Spassky-Fischer, Reikiavik 1972

¿Por qué?

Había surgido información que por debajo de una de las sillas se había detectado algún chisme raro. Alguna pieza insertada. Al fin y al cabo la policia islandesa únicamamente encontró una pieza de madera. Claro que no tenía influencia alguna en nada. El policía descubrió la pieza y se la llevó a casa como recuerdo.

¿Fischer ha vuelto a hablar de los acontecimientos en Reikiavik en algún momento más adelante? ¿Le ha pedido perdón a Ud. por su comportamiento raro?

No, nunca hemos hablado de aquello. En lugar de eso, me prometió que íbamos a jugar otro duelo y ha cumplido con su palabra. En primer lugar, Bobby tenía en mente España como lugar. En mi archivo tengo un telefax suyo que dice que Luis Rentero, el fundador del torneo de Linares iba a ser el organizador principal. Pero entonces el banquero Ezdimir Vasilyevich ofreció condiciones interesantes. En 1992 nos encontramos en la isla de Sveti-Stefan. Por arriba estaban los cañones jugoslavos y abajo en la mar la armada estadounidense. Por las noches, decían que pisaron tierra unos buceadores militares. Intentábamos ignorar el ambiente militar de la mejor manera posible.

¿Por qué Fischer le trataba con tanto cariño a Ud.?

Yo sentía comprensión por él, compasión y eso a pesar de que pensaba que todos los grandes maestros rusos que eran agentes de la KGB. Odiaba a los comunistas y a los judíos...

Y eso que él mismo era judío.

Por parte de madre, pero se consideraba alemán. Alguna vez le pregunté: "Bobby, soy ruso, ¿por qué soy tu amigo?"

¿Y qué respondió?

Se cerró en callar. Fischer se comportaba de manera paradójica. Retó al orden mundial como luchador en solitario. El 11 de septiembre se murieron personas inocentes, pero él estaba de parte de los terroristas y con eso atrajo la aversión de la gente. Para los islandeses era un héroe no obstante. No temían a los Estados Unidos. Respondieron que toda Islandia le seguiría a la cárcel a Fischer si se atreviesen a detener a un ciudadano de su país. Es una persona con un destino trágico. Eso ya lo tenía bien claro cuando le vi por primera vez.

¿Dónde fue eso?

En Moscú. Entonces tenía 15 años. Era un chico alto que había venido junto con su hermana Jane. En el club del bulevar Gogol se enfrentó con Petrosian, Bronstein, Vasinkov y Lutikov en partidas de ajedrez relámpago. Más o menos dos años más tarde, me encontré con él como oponente en el tablero en el torneo de Mar del Plata.

¿Cuándo tuvo la última conversación con Fischer?

Discutíamos cuál era la jugada más fuerte: e2–e4 o d2–d4. Quedamos en que la segunda sería la más fuerte porque el peón queda protegido por la dama. Fue el propio Bobby quien me llamó. Yo nunca le llamé por teléfono. Sabía que entonces volvería a hablar de su "ajedrez Fischer". No me gustaba en absoluto la idea. Hay demasiadas posiciones iniciales. Pero él triunfó con eso.

¿Sigue teniendo sueños con Fischer?

Sí, eso puede ocurrir. Los problemas que tenía con sus riñones le hicieron caer a tierra. Dos operaciones no muy complicadas habrían bastado para salvarle la vida, pero Fischer rechazó esa idea. No se fiaba de los médicos y temía que le matarían en el propio quirófano. A mi también me ha intentado convencer de que no vaya al hospital.

¿Cuándo fue eso?

En 1977 en Reikiavik. Jugaba los cuartos de final del Torneo de Candidatos contra Vlastimil Hort. Al final del duelo me sentía tan mareado que perdí la conciencia cuando estábamos cerca del hospital. En el hospital averiguaron que era una apendicitis. Fischer averiguó qué me había pasado y me llamó por teléfono para advertirme: "¡No permita en ningún caso que le operen!" Le respondí:  "Bobby, no tengo miedo y no tengo razón alguna para desconfiar de nadie aquí. La clínica tiene muy buena reputación y el médico hasta habla ruso...""

¿Usted acudió al funeral de Fischer?

No podía, mi esposa francesa no estaba de acuerdo. He viajado a Reikiavik más adelante y le he dejado flores en la tumba. Fischer había descrito minuciosamente dónde quería que le enterrasen, qué música quería en su funeral y quienes le debían acompañar en su último camino. De los ajedrecístas había tres personas en su lista: Andor Lilienthal, Lajos Portisch y yo.

¿Cómo es el sitio?

Al lado hay un camino estrecho con una placa que dice: "Aquí se ha reunido el Althing – el primer parlamento de Islandia". Por cierto, es el parlamento más antiguo del mundo, fundado en 930. Es decir, es más antiguo que la cristiandad en Rusia. Como música para el funeral había elegido "Green Green Grass of Home" de Tom Jones. Lo había canturreado yo alguna vez cuando paseamos por Budapest. Fischer lo cantó en voz alta. No esperaba que conocíiese letras de canciones de música popular.

Entrevista: Sport Express
Traducción: Nadja Wittmann (ChessBase)

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