ExpoChess: el ajedrez como una de las bellas artes

por Eduardo Lorenzo
10/08/2015 – El domingo 26 de julio, a las 20:00, en la sala VIP del Gran Hotel Lakua de la capital alavesa, el reconocido periodista iruñés Leontxo García ofreció una novedosa conferencia audiovisual titulada “Ajedrez y arte, la conexión mágica”, que formó parte de Expochess Vitoria-Gasteiz 2015. Un artículo de Eduardo Lorenzo...

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ExpoChess 2015 en Vitoria

El ajedrez considerado como una de las bellas artes

El pasado domingo 26 de julio, a las 20:00, en la sala VIP del Gran Hotel Lakua de la capital alavesa, el reconocido periodista irunés Leontxo García Olasagasti ofreció una novedosa conferencia audiovisual titulada “Ajedrez y arte, la conexión mágica”, acto que formó parte de las actividades relacionadas con Expochess Vitoria-Gasteiz 2015, “La cultura transversal del ajedrez”.

Leontxo, como es sobradamente conocido, forma parte del selecto grupo de profesionales que ha conseguido compaginar dos pasiones confesas (el ajedrez y el periodismo) y, lo que es más difícil, ganarse legalmente la vida con ellas. De su extensa labor actual destacaré sus artículos en El País y sus colaboraciones en ChessBase.

El ponente, en el tono didáctico y cordial a que nos tiene acostumbrados, acometió la tarea de condensar en hora y cuarto la riqueza que el ajedrez atesora y su íntima relación con el arte en general: música, literatura, teatro, cine. Para ello optó por un formato ameno y estimulante, resaltando las influencias y préstamos entre ajedrez y mundo artístico con el uso de música e imágenes relacionadas con el contenido de la charla.

Leontxo incidió especialmente en la idea de transversalidad de artes y ajedrez: por ejemplo, la existencia de ajedrecistas-músicos (Philidor, Smyslov, Taimanov) y músicos-ajedrecistas (Yepes, Prokofiev, Oistrakh); la presencia del ajedrez en la obra literaria de Stefan Zweig o Pérez-Reverte; incluso se mencionó como curiosidad la ópera rock “Chess”, estrenada en 1984.

El ajedrez es un campo fértil para el anecdotario, tanto por los sugerentes personajes que lo habitan como por su propias características, que lo hacen tan atractivo para el literato o el psicólogo. Sobre ese “cuerpo a cuerpo entre dos laberintos”, como afirmaba André Breton, o “ese vicio solitario de dos en compañía”, según Ricardo Gullón, nuestro ponente nos recordó la intensa relación que entre dos personas se establece ante un tablero, durante horas y sin que medie palabra o contacto físico entre ellas.

Algunas de las principales ideas expuestas por Leontxo en la referida conferencia se pueden rastrear en su libro “Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas” (editorial Crítica; primera edición, Barcelona, 2013), obra cuya lectura recomiendo al aficionado y al curioso. Recuerdo su tesis sobre las veinticuatro cualidades físicas y psíquicas que favorece el ajedrez: “(…) concentración, memoria, razonamiento lógico, pensamiento científico, autocrítica, responsabilidad personal, motivación, autoestima, planificación, previsión de consecuencias, capacidad de cálculo, imaginación, creatividad, paciencia, disciplina, tenacidad, atención a varias cosas a la vez, cálculo de riesgos, deportividad, sangre fría, cumplimiento de las reglas, respeto al adversario, visión espacial y combatividad” (página 139). Casi nada.

Leontxo es bien conocido como propagandista infatigable del ajedrez tanto en el ámbito de la educación de la infancia como en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas. En este sentido ecuménico suele hacer referencia a un viejo refrán hindú: “El ajedrez es un mar en el cual un mosquito puede beber y un elefante puede bañarse”.

El lector avisado seguro que se habrá percatado de que el título del presente artículo parafrasea un célebre ensayo del escritor inglés Thomas de Quincey (1785-1859). Reconozco que no es de gran originalidad, pero me permite plantearme la nuclear cuestión: 

¿Puede considerarse el ajedrez como una de las bellas artes? 

Título: 'Your Move' Autor: Jonathan Wolstenholme

Sin entrar en el eterno debate sobre si es un mero juego, un deporte, una ciencia o un arte, sin duda existe una íntima relación entre el placer estético que proporciona al aficionado (no necesariamente experto) un bello remate ajedrecístico y ese je ne sais quoi que provocan otras manifestaciones artísticas y vitales. A fin de cuentas, como nos recordó el disertador citando al gran maestro alemán Siegbert Tarrasch (1862-1934): “El ajedrez, como el amor y la música, hace felices a quienes lo practican”. Felicidad que nos proporciona también Leontxo García con su labor divulgativa que desde aquí recomiendo vivamente.

Desearía agregar como final otra cita del doctor Tarrasch: “El ajedrez es una forma de producción intelectual que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es una de las grandes satisfacciones -si no la mayor- al alcance del hombre. No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente; sin embargo, en ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo y, por consiguiente, cada persona que lo practica puede experimentar una satisfacción”.

Contenido extra: 101 mates de película.

Vídeo cortesía de Tavilis



Eduardo Lorenzo es jurista, historiador y aficionado al ajedrez.
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