Ha fallecido Boris de Greiff

01/11/2011 – Boris de Greiff Bernal (13 de febrero de 1930 – 31 de octubre de 2011), nacido en Medellín, pero radicado hace muchos años en Bogotá, era hijo del poeta León de Greiff y sobrino del músico Otto de Greiff. Este último fue quien le inculcó el amor por este deporte, en 1943, cuando era un niño. Comenzó a estudiar Ingeniería, pero el ajedrez resultó su verdadera vocación. Obtuvo el título de MI y participó en las olimpiadas de ajedrez en 15 ocasiones jugando por el equipo nacional de Colombia nueve veces. En 2002 fue nombrado "Miembro de Honor de la FIDE". (Foto: Jaime de Greiff) Necrológica y homenaje por Oscar Domínguez...

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Martes, 1 de noviembre de 2011

Falleció Boris Greiff, uno de los ajedrecistas más importantes de Colombia. Murió a los 82 años.

Boris de Greiff Bernal (13 de febrero de 1930 – 31 de octubre de 2011), nacido en Medellín, pero radicado hace muchos años en Bogotá, era hijo del poeta León de Greiff y sobrino del músico Otto de Greiff. Este último fue quien le inculcó el amor por este deporte, en 1943: era un niño cuando jugaba con él. Greiff comenzó a estudiar Ingeniería, pero el ajedrez resultó ser su verdadera vocación. Obtuvo el título de maestro internacional y participó en las olimpiadas de ajedrez en 15 ocasiones jugando por el equipo nacional de Colombia nueve veces.

Las participaciones de Boris de Greiff en el equipo nacional de Colombia en nueve olimpiadas de ajedrez:

  • En 1954, segundo tablero en la XI Olimpiada de Ajedrez en Ámsterdam (+8 –6 =4);
  • En 1956, tercer tablero en la XII Olimpiada de Ajedrez en Moscú (+7 –3 =9);
  • En 1958, tercer tablero en la XIII Olimpiada de Ajedrez en Múnich (+2 –2 =15);
  • En 1966, tercer tablero en la XVII Olimpiada de Ajedrez en La Habana (+4 –4 =8);
  • En 1970, primer tablero suplente en la IXX Olimpiada de Ajedrez en Siegen (+3 –4 =1);
  • En 1972, cuarto tablero en la XX Olimpiada de Ajedrez en Skopje (+4 –4 =8);
  • En 1974, primer tablero suplente en la XXI Olimpiada de Ajedrez en Niza (+6 –0 =6);
  • En 1976, primer tablero suplente en la XX Olimpiada de Ajedrez en Haifa (+4 –0 =3);
  • En 1978, primer tablero suplente en la XXIII Olimpiada de ajedrez en Buenos Aires (+0 –1 =2).

Ganó la medalla de oro individual en Haífa 1976 y la medalla de plata en Niza 1974.

Más hitos de su carrera:

En 1951, ganó el Campeonato de Colombia, celebrado en Bogotá. En 1955, ocupó el lugar 16 en Mar del Plata (ganador fue Ivkov). En 1957, ganó el Zonal en Caracas. En 1958, ocupó el vigésimo lugar en el Interzonal siendo el vencedor Mikhail Tal). En 1958, ocupó el noveno lugar en el torneo de Bogotá, que fue ganado por Oscar Panno. En 1962, ocupó el 18 lugar en el Primer Memorial Capablanca, que fue ganado por Miguel Najdorf. En 1963, ocupó el lugar número 20 en el segundo Memorial Capablanca, ganado por Viktor Korchnoi. En 1963, ocupó el séptimo lugar en La Habana (Torneo Panamericano, cuyo ganador fue Eleazar Jiménez). En 1969, ocupó el primer y segundo lugar compartido con Miguel Cuéllar en Bogotá. En 1970, empató por el lugar 8-10th en Bogotá (ganador fue Henrique Mecking). En 1973, ocupó el 15 lugar en Cienfuegos, Cuba en el X Memorial Capablanca, ganado por Vasily Smyslov.

Recibió el título de maestro internacional en 1957 y de árbitro internacional en 1978. Fue elegido Miembro de Honor de la FIDE en 2002.

Trabajó durante más de 20 años en Coldeportes y salió pensionado de esa entidad.
 
No solamente jugaba al ajedrez, sino también trabajaba como periodista. Fue columnista de El Tiempo, El Espectador y Cromos, y además, escribió varios libros, entre ellos uno en el que recopiló las mejores partidas del siglo XX.



Carta a Boris

Por Oscar Domínguez

Hace años, le dirigí este mensaje al maestro Boris, quien me distinguía. El mensaje relata un encuentro mío con don Luis Holguín, otra figura del ajedrez, también fallecido.

Maestro Boris: Que los dioses le sean propicios.

Muy buenos los datos que me da sobre el "pabili" Luis Holguín, quien, como usted dice, tiene edad de Sumo Pontífice polaco. Creo que nuestro hombre le lleva ocho días a cualquier solar de Caldas, pero no se le notan. Es un comeaños de todo la cayana.

Siempre me ha llamado la atención el amigo Luis Holguín. La última vez – hace diez días- nos encontramos en su jurisdicción del Barrio de la Candelaria. Iba yo con mi dama paisa con la que hice el enroque corto matrimonial hace 29 años. (Creo que el enroque es largo). Cuando me tropecé con el caballero de la blanca cabellera, iba con un ciudadano que me presentó.

Luis iba sin prisa, como de costumbre. No morirá de estrés y en eso somos colegas. Sospecho que es uno de los encantos ocultos del ajedrez: a sus devotos no nos dejará morir de estrés. Todo lo hemos dejado sobre el tablero. Aclaro que hace tiempos no juego en forma, pero pasé hermosas horas sobre los 64 escaques.

Tiene razón Fisher, el de Brooklyn, cuando dice que le da lástima quien no ve belleza en el ajedrez. Según es su costumbre, Luis me habló sin afán, como el chambón que invierte  media hora para hacer la tercera jugada en la apertura de alguna partida de ajedrez que no pasará a la historia.

En dos segundos ya me estaba hablando del maestro Boris, lo que me encanta porque enseguida se me olvida que estoy desempleado. O mejor, que soy un jubiloso jubilado. No puede haber charla entre Luis y yo sin que usted entre al baile en la apertura de la conversa.

Me regañó con cariño de abuelo porque no me había visto por el club de Ecopetrol donde se jugaba el campeonato. Le dije algo cierto: no tenía idea de tal campeonato, lo que es imperdonable en alguien que se dice periodista y aficionado al ajedrez. Despotricamos tres segundos seis centésimas contra la prensa capitalina que no le da importancia alguna al ajedrez, esa ciencia que parece un juego, según dijo Capablacna, playboy del ajedrez. (Lo leí en el libro  "Vidas para leerlas" de ese Plutarco caribe que es Cabrera Infante. Asumo que su señoría ya leyó ese texto. En caso contrario, no es sino que me informe. Soy de los que todavía prestan libros a cambio de que me los devuelvan. Si no me los devuelven, maldigo el buen ladrón, y deduzco que quedan en buenas manos).

A estas alturas -íbamos entrando en el medio juego de la callejera charla- don Luis se "bajó" de la credencial de ajedrecista que tenía y me la regaló como el santo que se despojó de su pinta en beneficio de un pobre y me aclaró: “Con esta credencial no tiene que pagar la entrada. Por allá lo espero mañana después de las cuatro de la tarde”. Y me encimó la clasificación hasta ese momento. Se lamentó de los malos premios en efectivo y me anticipó los nombres de los que irían a la próxima olimpíada. Le agradecí en el alma porque colecciono credenciales. Curiosamente, del juego que amo como a la mujer del prójimo, no tengo una sola credencial.

No sé si Luis es un solitario perpetuo o si vive en la mejor compañía: la diosa Caissa. No tiene cara  de hombre feliz, pero no lo necesita. De lejos se ve que no es infeliz, y esto ya es ganancia.

Me da miedo llamarlo a su casa: como que no lo pasan, o lo pasan a regañadientes. O le cobran la llamada con intereses. Supongo que vive en una casa de inquilinato donde uno solo tiene deberes, no derechos. Lo digo porque así me tocó a mí cuando llegué a Bogotá. Donde vivía – hace 33 años-, en la calle 21 con 5ª.,  no podíamos utilizar el teléfono ninguno de los inquilinos: un ascensorista-4  del ministerio de hacienda, una dama de edad prolongada que jamás probó de sal (=virgen), dos desempleados, doña María, la dueña, su esposo, guachimán en el remoto sur que siempre decía la última palabra (“Sí, María”), cuatro gatos , una gata y un aprendiz de reportero: su amigo, o sea yo, maestro Boris.

Veo a Luis como un desfacedor de entuertos: es capaz de ser amigo de Carlos Cuartas y del maestro Cuéllar Gacharná, en vida suya. El gran Luis, maestro Boris, según deduzco de los poquísimos diálogos que he tenido con él, puede hablar diez horas seguidas con el maestro  Alonso Zapata, e irse a hablar otras diez horas con nuestro paisano Gildardo García con la certeza de que no traicionará a ninguno de los dos. Es capaz de vivir en el gobierno y en la oposición al mismo tiempo. Supongo que ni Zapata ni Gildardo cometerían el pecado de lesa descortesía de preguntarle algo que vaya en detrimento del otro.

Entre los dos podemos nombrar a Luis gerente de la industria sin chimeneas de la piratería ajedrecística. Creo que hasta yo he dejado algunos denarios en “su flaca bolsa de irónica aritmética”, como diría su ilustre padre, el maestro Beremundo, el que jugó con Philidor a los escaques... O su tío Otto cuya casa conocí una tarde en la que accedió a recibirme a regañadientes. Sobre nuestro encuentro escribí una crónica que supongo le hice llegar en su momento.

Maestro Boris: En algún momento suelto el rollo en sobre Luis a ver si el alcalde ajedrecista se “acomide” a agilizar la pensión para este paisano nuestro de los Farallones del Citará que bien merecido se lo tiene. Con su venia, diría que Luis es el Ivonne Nicholls del ajedrez. (Ese podría ser el titular. Espero que su parienta Ivonne no se enojará).

Por eso, datos adicionales para mi crónica sobre don Luis, serán bienvenidos, maestro Boris. No le quito más tiempo. Oscar.


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