Jaque a la droga en un convulsionado barrio de Lima

25/02/2012 – Un policía jugando al ajedrez con uno de los chicos a los que suele perseguir por las calles. Dos niños que se abrazan porque han encontrado una combinación para salvar su partida. Tales escenas se han visto últimamente en Puerto Nuevo, uno de los barrios más peligrosos de Lima, donde el ajedrez ganó al fútbol durante tres domingos consecutivos. Los vecinos apoyan la creación de una escuela de ajedrez con tecnología moderna. La segunda etapa del proyecto empieza en marzo. Se han elaborado dos textos-guías y se adquirirán programas informáticos de enseñanza, como el laureado El Pequeño Fritz, para que los jóvenes aprendan jugando y jueguen aprendiendo. Reportaje ilustrado por Leontxo García...

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Sábado, 25 de febrero de 2012

Jaque a la droga en un convulsionado barrio de Lima

Leontxo García

Un policía jugando al ajedrez con uno de los chicos a los que suele perseguir por las calles. O dos niños que se abrazan porque han encontrado una combinación para salvar su partida. Tales escenas se han visto últimamente en Puerto Nuevo, uno de los barrios más peligrosos de Lima, donde el ajedrez ganó al fútbol durante tres domingos consecutivos. Los vecinos apoyan la creación de una escuela de ajedrez con tecnología moderna.

“Push pawns, no drugs” (mueve peones, no drogas), fue un lema que lanzó la Federación de Ajedrez de EEUU hace 22 años, con gran éxito. Uno de los reportajes que nunca olvidaré fue el que hice, para el programa En Jaque (TVE) en el otoño de 1990, metido en un coche patrulla de la policía de Nueva York que vigilaba el barrio del Bronx. Persecuciones a toda velocidad por calles estrechas, registros de casas, detenciones de traficantes… ese día pude comprobar que el mundo ilegal de la droga es algo realmente espantoso.

Hay varias experiencias que refuerzan el éxito de “Push pawns, no drugs”. Tampoco olvidaré la que contó Ella Baron, de la America’s Foundation for Chess, en el congreso de Ajedrez y Pedagogía que se celebró en Calviá durante la Olimpiada de 2004: utilizando el ajedrez como anzuelo, atrajeron a una escuela del Bronx a niños muy marginados y conflictivos, clasificados como “de imposible integración en la sociedad”; pasaron las primeras semanas o meses, y la única actividad de esos niños en la escuela era jugar al ajedrez; pero luego, en muchos casos, se logró que asistieran normalmente a clase. Poco después, en 2005, Chess Base publicó este reportaje (http://bit.ly/wFteuw) sobre la interesante película Los Caballeros del Bronx, que trata sobre el mismo asunto.

Todo ello inspiró a Carlos Maury, un experimentado promotor peruano a quien conocí el pasado abril en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, donde dirige un taller y también es el entrenador de la selección de ajedrez. Diplomado hace muchos años por la FIDE (cuando Nicola Palladino dirigía la comisión de Ajedrez en las Escuelas) por su gran experiencia y labor con niños y jóvenes en Lima, ex entrenador del colegio Salesiano y asiduo en programas de radio y televisión, Maury tenía claro que el ajedrez podía ser muy útil en los barrios más marginales de Lima. Y además tuvo esa pizca de suerte, siempre necesaria para que las buenas ideas triunfen: resultó que Andrew Dark, un alto ejecutivo británico, de Trafigura Group, es un gran aficionado al ajedrez; Maury le convenció para que patrocinase el proyecto ajedrecístico en Puerto Nuevo.

El programa se inició con tres simultáneas gigantes durante los tres primeros domingos de diciembre en uno de los pocos lugares seguros del barrio, un césped protegido por alambradas donde habitualmente se juega al fútbol. Se regalaron y sortearon juegos de ajedrez, bicicletas, reproductores musicales, etc., con la participación esencial del reconocido ajedrecista y maestro peruano Carlos Vásquez (entrenador del campeón panamericano infantil José Martínez). También colaboró Hernán Maury, quién, de niño, protagonizó exhibiciones a ciegas en televisión.

En ese contexto se dieron las anécdotas mencionadas en el primer párrafo de este reportaje. La inmensa mayoría de los vecinos de Puerto Nuevo están deseosos de cambiar la mala fama de su barrio y su reacción ante la llegada del ajedrez ha sido muy positiva, porque lo ven como una actividad muy apropiada, que, además de divertir, enseña a los niños a reflexionar y a elegir el camino correcto en un entorno tan peculiar y peligroso.

La segunda etapa del proyecto –la Escuela de Ajedrez- empieza en marzo. Se han elaborado dos textos-guías, se adquirirán los programas informáticos de enseñanza, como el laureado El Pequeño Fritz (1 y 2), para que los niños y jóvenes aprendan jugando y jueguen aprendiendo. Los alumnos se irán graduando mes a mes en diferentes niveles de aprendizaje y fuerza de juego: Peoncito, Caballito, Alfil, Torre, Dama y Rey. Por supuesto, el objetivo principal no es la formación de futuros grandes maestros, sino la utilización del ajedrez como herramienta educativa, recreativa y preventiva. La escuela de ajedrez contempla una tercera fase donde se formarán  grupos para competición. Quién sabe, tal vez un día no muy lejano entrevistemos a la nueva figura del ajedrez peruano, en la estela de Julio Granda, Emilio Córdova o los hermanos Cori, y cuando le (o la) preguntemos por su procedencia nos diga: “Me formé en la escuela de ajedrez de Puerto Nuevo, un trepidante barrio de El Callao, en Lima”.


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