El caso Raud (II)

por Juan Sebastián Morgado
09/03/2017 – Juan Sebastián Morgado nos ofrece la segunda parte de lo que ha reconstruido con ayuda de las hemerotecas sobre aquellos convulsos tiempos en los que un puñado de ajedrecistas intentaron refugiarse en Argentina de la crudeza de una guerra que asolaría Europa. Corrieron desigual suerte. Sirva como homenaje a los ajedrecistas refugiados de hoy en día.

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En la revista Chess, octubre de 1941 apareció una nota acerca del fallecimiento del ajedrecista estonio Ilmar Raud; 60 años después, la misma revista, en un artículo del periodista John Saunders titulado Chess in the war, revista Chess, Vol. 75 nº 8, noviembre 2010, recuerda aquél hecho de 1941, transcribiendo el texto allí publicado. Lamentablemente este texto tiene una gran cantidad de falsedades, que es mi obligación aclarar debidamente.

Antecedentes publicados en la primera parte...

Puede ver la nota de Saunders aquí 

La misma pregunta se hace Edward Winter en Chess Notes 4905:

Después de participar en la Olimpiada de 1939 Raud permaneció en la Argentina, pero menos de dos años más tarde había muerto, a la edad de 28 años. En la página 246 de la edición de agosto de 1941 de El Ajedrez Americano se informó que fue ‘víctima de una repentina dolencia, y que estuvo  internado en un sanatorio’, mientras que casi toda la primera página de CHESS de octubre de 1941 fue dedicada a un relato de sus últimos meses, bajo el título ‘Raud, el joven maestro estonio, muere de hambre’. Debajo están los detalles de su fallecimiento según lo divulgado por Chess.

Luego Winter, que es un historiador muy serio, dice que “invita a confirmar la validez o invalidez de esas afirmaciones”.

Con mucha demora de casi 80 años, pero con absoluta justicia, demostraremos que las acusaciones contra Grau fueron totalmente falsas. Este derecho a réplica tiene por objeto desmentir las informaciones mencionadas, cuya falsedad es evidente y manifiesta. El director de Chess, señor Baruch Wood tenía, lamentablemente, como única fuente de información al doctor Adolf Jakob Seitz, que era un enemigo acérrimo de Grau, y por extensión, de toda la Federación Argentina.

Ilmar Raud en el centro, con gafas

La propia revista Chess, y también British Chess Magazine, fueron informando detalladamente las alternativas de la organización del Torneo de las Naciones, y las vicisitudes que se vivieron. La designación de Buenos Aires como sede del certamen se había producido en el Congreso de Estocolmo de 1937. Fue una condición para designar a Buenos Aires como sede que la Federación Argentina se hiciera cargo de los gastos de traslado, ida y vuelta. Esto significaba una enome erogación, y los dirigentes de la FADA, con Grau a la cabeza, se entrevistaron con el presidente de la Nación y le solicitaron un subsidio, que fue aprobado por el Congreso en 1938, aprobándose para 1939 un subsidio de $ 150.000. Se calculaba el gasto total en unos $ 360.000, de manera que las autoridades de la FADA previeron la ayuda del gobierno de la ciudad de Buenos Aires y de varias provincias, además de aportes de empresas privadas, para obtener los $ 210.000 restantes. Sin embargo, fueron surgiendo una serie de dificultades que pusieron en serio peligro la realización del torneo.

A continuación transcribimos los fragmentos más destacados de esa nota, intercalando nuestras observaciones: 

Muchos de los participantes de la Olimpíada de Buenos Aires de 1939 permanecieron en Argentina por varias razones; para muchos de ellos, particularmente los jugadores polacos o judíos, era una  decisión de vida o muerte. Sin embargo, una historia narrada en la edición de Chess, octubre de 1941, demostró que la vida en América del Sur no estaba exenta de peligros...

De ninguna manera puede atribuirse a las condiciones de vida de la ciudad de Buenos Aires la desgracia acaecida a Raud. La gran mayoría de los ajedrecistas que se quedaron forzadamente en Buenos Aires fueron ayudados por sus consulados o embajadas, y aún casos como los de De Ronde y D’Donovan, menos conocidos, demostraron que era posible sobrevivir aún en condiciones de pobreza. Quizás el caso más dramático fue el del escritor polaco Witold Gombrowicz, quien soportó situaciones extremas. En el caso de Raud han tenido responsabilidades el Club Estonio de Buenos Aires y el Consulado de Estonia, que lo abandonaron y no lo contuvieron como debían; pero en ningún caso puede atribuírsele responsabilidad alguna al Círculo como institución, ni a Grau como persona. Por el contrario, ambos hicieron grandes esfuerzos por ayudar a los refugiados, y Raud no fue la excepción. Lo que sí debemos lamentar es que el Círculo haya estado muy solo en esa tarea, sin ninguna ayuda del Club Argentino, un club mucho más poderoso económicamente. 

Raud, el maestro estonio, muere de hambre. Durante el torneo de Buenos Aires, estalló la guerra... Raud se quedó junto a muchos otros maestros. Najdorf, Eliskases y Ståhlberg eran figuras mundiales, que podrían encontrar medios de subsistencia en cualquier comunidad civilizada. Pero, ¿qué sucedió con quienes no eran tan destacados? La historia del ajedrez está salpicada de historias miserables, y ahora Ilmar Raud, al morir, nos ha mostrado otra. Su juego siempre había mostrado destellos de brillantez, pero sin consistencia. Se dice que su madre le rogó a volver a casa y que uno de sus hermanos fue asesinado cuando los soviéticos anexaron Estonia. (...)

El esperado torneo de Mar del Plata dio a los muchos maestros europeos su oportunidad. El triunfo de Ståhlberg tuvo como contrapartida el fracaso de Raud: él sólo alcanzó el 14º lugar entre 18. Eso significó que a Ståhlberg le ofrecerían muchas actividades, se le dio la bienvenida como maestro en varios hogares aristocráticos; en cambio, Raud fue rechazado. No podía subsistirse solamente de jugar ajedrez en los cafés.  

Aquí Chess hace un salto en el tiempo y habla del torneo de Mar del Plata 1941. En general, estas afirmaciones son correctas: es obvio que los ajedrecistas más destacados (Najdorf, Stahlberg, Eliskases) pudieron afrontar mejor aquellos difíciles tiempos. Muchos de los visitantes comenzaron a concurrir al Café Rex, que desde 1941 fue regenteado por el polaco Paulin Frydman, quien en muchos casos incluso fue un mecenas, como en el antes mencionado caso de Gombrowicz.

Poco después, llegó el último torneo de Raud, un evento organizado por el Círcolo Argentino. Sus principales competidores fueron Frydman, que terminó primero, y Grau y Luckis que empataron para el segundo lugar. Raud lideró el torneo durante varias rondas, pero luego comenzó a retroceder. Se negó a participar en la cena ofrecida por los funcionarios del organismo organizador. En el marcador final terminó cuarto.

En este párrafo existen varias inconsistencias e inexactitudes. En primer término, no  fue este el último torneo que jugó Raud. Se jugó en el Círculo en junio/julio de 1940, y ganó Frydman 11½/13, seguido por Grau y Luckis 9; Raud 8, Winz, Czerniak y Sulik 7; Guimard 6½, etc. En El Ajedrez Americano nº 63, pág. 197, y nº 64, pág. 130, se transcriben una crónica, partidas comentadas y el cuadro final de posiciones. Nada se menciona sobre la ausencia de Raud en la cena de cierre. En Caissa nº 27,  pág 222, revista que representaba al sector “anti-Grau” principalmente en la persona de Adolf Seitz, sólo hay una muy breve nota, y en el nº 29, pág. 271, una crónica más amplia con el cuadro de posiciones. Intentando burdamente vincular el fallecimiento de Raud con la demora en los pagos de premios de los torneos del Círculo, el doctor Adolf Jakob Seitz escribió mucho tiempo después:

—Algunas veces los premios son entregados dos meses después de la rueda final; un profesional genuino se acostumbra a cobrar sus premios no más tarde que 24 horas después de haber jugado su última partida. Si el pobre Ilmar Raud aún viviera podría referirnos una interesante historia acerca de un cuarto premio ganado en el Torneo del Círculo—[1]

Es interesante y significativa la descripción que hace el maestro Leonardo Lipiniks acerca de Seitz:

Del doctor Seitz no me extraña su odio a Grau, pero además tenía bronca con otro judío: Markas Luckis. Me confió que su apellido original era Lutzky y que lo cambió para ocultar su origen. [2]

La fuente de información de Baruch Wood para su nota en Chess fue, indudablemente, el mencionado Seitz, enemigo declarado de Grau, conflicto cuyos pormenores relaté en Luces y Sombras del Ajedrez Argentino, tomo 1, pág. … El siguiente párrafo roza la calumnia; veamos:

Las condiciones en el mundo de ajedrez de Sudamérica son extraordinarias. Grau ha logrado una posición de extraordinario poder e influencia y es virtualmente dictador del ajedrez argentino.  

Esta afirmación es, además de inexacta, calumniosa. Ignora que en junio de 1939 el Torneo de las Naciones fue cancelado debido a la negación del pago del subsidio –aprobado por el Congreso de la Nación en 1938–, por parte de un funcionario del Ministerio de Educación, doctor Coll. ¡Claro que esto no fue nada extraordinario, sino penoso! Merced al extenuante esfuerzo de Grau, De Muro y otras pocas personas, se organizó una gigantesca colecta nacional para procurar fondos que compensaran la pérdida. Grau inició una agotador viaje por todo el país, ofreciendo simultáneas en las que se cobraba un módico arancel, que después formó parte de un fondo. Es así que el Torneo de las Naciones “resucitó”, fijándose nueva fecha de comienzo en agosto de 1939. Estos dos meses de dilaciones causaron la pérdida de 15 equipos: se habían inscripto 42, y finalmente participaron solamente 27. A causa de esta extenuante gira, Grau llegó agotado y jugó las partidas en bajo nivel. ¡Grau no fue un “dictador”, sino un factótum! ¡Luchó contra los poderes fácticos y logró derrotarlos! ¡El Torneo de las Naciones sólo pudo realizarse gracias a Grau!

Se afirma de manera auténtica que sus actividades de organización de ajedrez le han compensado (a Grau) por lo menos £ 5.000 en dos años.  

Grau fue un auténtico “self made man”, que sólo terminó la escuela primaria: todo lo aprendió trabajando y esforzándose. Su familia era de clase media típica, con su padre como sostenedor del hogar –trabajaba en la Casa de la Moneda–, y su madre como ama de casa. Era una persona híper-activa, que llegó a tener varios trabajos simultáneos: columnista en La Nación, en Leoplán, en la revista del Automóvil Club Argentino –escribía notas sobre automovilismo–, profesor en Ríver Plate, “alma mater” del Círculo, editor de la revista El Ajedrez Americano, autor de su Tratado General de Ajedrez –que ya lleva siete décadas de ediciones–. Además, ¡jugaba bastante bien al ajedrez, como lo pudo comprobar Euwe! Tenía, sin duda, una fuente variada de ingresos económicos. Nunca tuvo coche: para trasladarse se manejaba con trole-buses, subterráneos y colectivos. La cifra de “5.000 libras en dos años” es producto de la imaginación o de la mala intención del autor de la nota. No tiene ninguna fuente que certifique esos datos: es una simple calumnia. 

Sin embargo, torneo tras torneo se realiza de la manera más desordenada e insatisfactoria. Las fechas y lugares se alteran al azar. Incluso en Mar del Plata, el alojamiento de los maestros fue muy insatisfactorio y el bono por punto, originalmente anunciado como diez pesos, finalmente resultó ser sólo ocho. A veces no se paga ningún premio-dinero hasta semanas después del torneo.

Esto es subjetivo; quizás las condiciones ofrecidas a los ajedrecistas fueran inferiores a las de los torneos europeos, pero en Argentina eran muy aceptables. Debe decirse que esta época fue fundacional, y permitió ir alcanzando de a poco un status más profesional del ajedrez argentino, especialmente en Mar del Plata.

A pesar de que el torneo del Círculo, que Grau organizó, finalizó en abril, la distribución de los premios no tuvo lugar hasta el 29 de junio. Una llamada telefónica personal de Luckis a Palau, la mano derecha de Grau, logró esto.

Volvemos otra vez para atrás. Otra información incorrecta, ¿intencionada? Este torneo se jugó entre el 15 de junio y el 2 de agosto de 1940.  

El premio de Raud era sólo de unos pocos chelines. A las diez de la mañana del 29 de junio, dejó a su pobre inquilinato para no volver.

¡Aquí salta otra vez sin escalas hasta el año 1941, y menciona la fecha en que Raud fallece!  Pero es muy simple reconstruir cronológicamente los hechos. Antes, entre el 16 de marzo y el 1º de abril de 1941 se había jugado el enorme Torneo de Mar del Plata, con 18 participantes. Aquí gana Ståhlberg con 13/17, seguido por Najdorf 12½; Raud finalizó 14º con 6½ puntos. ¡Aquí sí puede haber cobrado Raud solamente unos pocos chelines! De acuerdo a lo informado por todos los diarios de la época, los premios fueron pagados durante la ceremonia de clausura, el 2 de abril. No hubo ninguna demora.

Fue dos veces campeón de Estonia (1934 y 1938/1939) y colaboró en el bronce de su país en la Olimpiada de Buenos Aires de 1939, 

Posteriormente, el 19 de mayo de 1941 comenzó el Torneo de la Sociedad Hebraica, que finalizó el 21 de junio. Como bien observó Eduardo Bauzá Mercere, ¡este gran certamen fue organizado por Pilnik, y no por Grau! Además de Raud, participaron, entre otros, los refugiados Movsa Feigins, Viktor Winz, Franciszek Ksawery Sulik, Meyer Rauch, Herman Pilnik, Paulin Frydman, Miguel Czerniak, Gideon Ståhlberg, Zelman Kleinstein.[3] Venció el polaco Paulin Frydman con 12½/15, seguido a media unidad por el sueco Gideon Ståhlberg. Raud finalizó 11º/12º con 5½ puntos. Precisamente el programa del torneo ya establecía que los premios se entregarían durante una cena el 29 de junio… ¡Tampoco hubo, pues, ninguna demora! Veamos la crónica de La Prensa:

En los salones de la Sociedad Hebraica Argentina, Callao 348, se realizará esta noche a las 21.30 el acto de entrega de los premios correspondientes el reciente torneo internacional. Integran la lista de los premiados Paulin Frydman, ganador –quien no estará presente pues se encuentra en viaje al Brasil, donde jugará el torneo de San Pablo–, Gideon Ståhlberg, Herman Pilnik, Movsa Feigins, Miguel Czerniak, Francisco Sulik, Juan Iliesco y Jacobo Bolbochán. A parte las autoridades de la SHA han instituido un premio especial para la partida más brillante, que será adjudicado cuando se conozca el dictamen de la comisión designada al efecto, integrada por los señores Roberto Grau, Luis Palau y Paulino Alles Monasterio.[4]

Finalmente, el editor de Chess describe la horrible muerte de Raud, pero nuevamente sin brindar sus fuentes.

Fue encontrado vagando por las calles y fue arrestado por la policía. Se dice que hubo una pelea, y los visitantes posteriormente observaron pruebas evidentes de golpes. Pasó una noche amargamente fría en el patio de la policía, y al día siguiente fue enviado a un manicomio, donde murió a las 2am, el 13 de julio de 1941, a la temprana edad de 27 años. Muerte, debilidad general y fiebre tifoidea, pero el veredicto general es: ¡hambre! Su cuerpo fue incinerado, y las cenizas han sido enviadas por el consulado estonio a Europa. Dentro de la tristeza del mundo de hoy, ésta es una historia sumamente desgraciada.

Sólo podemos agregar que ni en los diarios ni en las revistas de la época se han ofrecido algunos de esos datos, por ejemplo, “fiebre tifoidea”. Reproducimos más abajo las principales crónicas necrológicas de Raud:

El 13 de julio falleció miserablemente en la ciudad de Buenos Aires Ilmar Raud, el maestro estonio que había permanecido en nuestro país desde la finalización del Torneo de las Naciones en 1939. Ajedrecista muy joven aún, gran conocedor de finales, tuvo en esta capital escasa actuación debido a la depresión moral causada por la trágica situación de su país natal, donde residen sus familiares. En el reciente torneo de la Sociedad Hebraica finalizó en el puesto 11º, debido a su precario estado de salud. En el párrafo final de su crónica del torneo de la Sociedad Hebraica, Jakob Adolf Seitz escribe:

—Es el deseo de todos que muy pronto se inicie otro torneo, en memoria de Ilmar Raud, de quien tienen aficionados y maestros el recuerdo de su inigualada modestia—[5]

El maestro estoniano Ilmar Raud falleció ayer en esta capital, víctima de una dolencia repentina que motivó hace pocos días su internación en una casa de salud. Llegó Raud a nuestra capital en 1939 como integrante del fuerte equipo de Estonia, capitaneado por Paul Keres. Su actuación en el Torneo de las Naciones fue lucida y contribuyó eficazmente a la buena colocación que en definitiva correspondió a su país. Terminado el gran certamen, decidió quedarse en Buenos Aires, a pesar de que todos sus compañeros de equipo prefirieron regresar a su patria. Aquí intervino en varios torneos, y en todos ellos se comportó bien, conquistando la simpatía de los aficionados. Conocía un extraordinario número de finales, y siempre que se le solicitaba se encontraba dispuesto para exponer sus conocimientos con una agradable modestia. Su desaparición, conocida anoche en los centros de ajedrez, ha causado un sentimiento general de pesar. Sus restos serán inhumados hoy a las 14 en el Cementerio del Oeste.[6]

Luego de una corta enfermedad, falleció ayer en esta capital el maestro estonio Ilmar Raud, que permanecía en nuestro país desde la terminación del Torneo de las Naciones. La noticia ha repercutido dolorosamente en el ambiente ajedrecista de la capital, donde había actuado en varios torneos internacionales. En todos ellos se deslizó con su singular suavidad de maneras, y conquistó simpatías por su admirable conducta y rara discreción. Segundo tablero del equipo de Estonia, era un ajedrecista erudito y de gran capacidad, a pesar de su gran juventud y escasa experiencia en ambientes ajenos a su país. El drama que significó la imposibilidad de regresar a su tierra natal agravó sin duda sus males, y ha sido factor decisivo en el penoso desenlace que comentamos. En la noche de ayer grupos de compatriotas y de ajedrecistas se allegaron a la casa donde se realizó el velatorio, y entre ellos algunas delegaciones de entidades de la capital que practican ajedrez. La inhumación de sus restos se realizará hoy a las 16 en el Cementerio del Oeste.[7]  

Fueron cremados los restos del ajedrecista estoniano Ilmar Raud. La noticia de su fallecimiento, como consecuencia de una breve enfermedad que motivó su internación, se supo anteayer en todos los centros ajedrecísticos. El extinto vino al país como segundo tablero del equipo de Estonia, actuando junto con Paul Keres. Representó a su país en los torneos de las naciones de Varsovia 1935, Munich 1936, Estocolmo 1937 y Buenos Aires 1939. Su notable saber ajedrecístico le había dado una bien ganada fama en todo el mundo. Salió de su país sin haber terminado sus estudios de química, pero resolvió no volver al complicarse la situación internacional. La muerte lo sorprende cuando apenas contaba con 27 años. Desfilaron ante su féretro compatriotas y ajedrecistas.[8]

La Prensa, 14 de julio de 1941

La Nación, 14 de julio de 1941 [9]

Las fotografías de Ilmar Raud son cortesía de Toomas Valgmae (http://www.eestimale.ee/raud2015/iraua-elulugu

 


[1] Este torneo es de 1940; aunque Raud haya cobrado el premio con alguna demora, no puede asociarse con su muerte, que fue un año después. [II Torneo Internacional en memoria de Roberto Grau, Carlos Skalicka, Buenos Aires, 1958. Caissa n­º 38, pág. 133. Nota firmada por el doctor J. A. Seitz (1898-1970)]

[2] Testimonio de Leonardo Lipiniks al autor, 29 de agosto de 2006.

[3] Noticias Gráficas, 19 de mayo de 1941.

[4]  La Prensa, 29 de junio de 1941.

[5] Resumen de lo publicado en El Ajedrez Americano  2ª época nº  75 pág. 247. Enroque nº 4, pág. 50, nº 7, pág. 90 y nº 30/1, pág. 171. Caissa nº 38, pág. 144.

[6] La Prensa, 14 de julio de 1941.

[7] Roberto Grau, La Nación, 14 de julio de 1941.

[8] El Mundo, 19 de julio de 1941.

[9] Christian Sánchez, Web Rosario.



Juan Sebastián Morgado, autor
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