Senterej: el ajedrez etíope

31/03/2009 – Hasta ahora, los historiadores e investigadores del ajedrez, a la hora de buscar sus orígenes, normalmente se solían concentrar en India, Persia y Arabia, y recientemente también en China. África, sin embargo, prácticamente nunca suele figurar en las publicaciones. El "senterej" o "ajedrez etíope", es una variante interesante y entretenida del deporte de la mente que se ha desarrollado en Etiopía en paralelo con las demás raíces del juego y que ya había sido jugado por la bisnieta de la Reina de Saba, Taytu Betul (en la imagen). Una de las pecularidades es la "apertura caótica" (ambos jugadores pueden desarrollar sus piezas sin ni siquiera esperar la respuesta del oponente), además se aplaude frenéticamente a un mate provocado por dos elefantes y los gritos de emoción no están prohibidos sino que incluso son bienvenidos. ¿Les ha entrado curiosidad?

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Senterej: el Ajedrez etíope

Por Dr. René Gralla, Hamburgo (Alemania)

Hasta ahora, los historiadores e investigadores del ajedrez, a la hora de buscar sus inicios, normalmente se solían concentrar en India, Persia y Arabia, y recientemente también en China. África, sin embargo, prácticamente nunca suele figurar en las publicaciones.

El "senterej" o "ajedrez etíope", es una variante interesante y entretenida del deporte de la mente que se ha desarrollado en Etiopía en paralelo con las demás raíces del juego.

El historiador británico, Dr. Richard Pankhurst, ha presentado un informe, explicando el hasta ahora prácticamente desconocido juego de senterej.

Los novatos se ubicarán sin problemas en el escenario del ajedrez de Etiopía. Al igual que la versión habitual, se disputa sobre un tablero de 64 casillas y las jugadas del senterej coinciden, en principio, con las reglas de la FIDE. Esto es el caso especialmente de la torre (en etíope: "Der"), del caballo ("Derese"), del Rey ("Negus") y en principio también para los peones ("Medeq"), aunque en el caso del senterej, el soldado de la infantería no puede realizar ningún "paso doble" y por lo tanto tampoco puede capturar "al paso".

Únicamente en el primer momento podrá parecer poco usual la diferencia de colores en el senterej. En lugar de piezas blancas y negras, en él se enfrentan "verdes" y "doradas". Además, el color del tablero es rojo con líneas de división azules que marcan las 8 x 8 casillas del campo de batalla en miniatura. Los reyes, en su posición inicial, no están ubicados el uno enfrente del otro, sino que el verde está en su casilla habitual, e1, mientras que el "Negus" dorado está en la d8.

Por lo demás, el principiante tiene que tener en cuenta que en el senterej del África Oriental, al igual que en el ajedrez clásico árabe, en lugar de la dama y del alfil hay un "visir" lento ("Fers" en el idioma local) y unos elefantes regordetes. Estos paquidermos se llaman "Fil" o "Saba" y solo se pueden desplazar hasta la segunda casilla en su diagonal desde su ubicación actual, con lo cual también tienen la posibilidad de avanzar relativamente rápido cuando sea necesario. El que va más tranquilote es el "Fers", este asesor únicamente puede avanzar un paso por jugada en su respectiva diagonal.


Las ruinas del Castillo de Fasilidas (Gonder, Etiopía)

Lo que más distingue al senterej de todas las demás variantes del ajedrez es la forma original en que se desenvuelve la apertura. Según las reglas del "werera" (así se llama la apertura de una partida de senterej), los contrincantes en primer lugar pueden mover las piezas prácticamente al ritmo que les da la gana, ¡sin tener ni siquiera que esperar la respuesta del oponente! Los oponentes colocan sus unidades de combate en un abrir y cerrar de los ojos, si hace falta recolocan las tropas y no hace falta que se preocupen de manera minuciosa de ningunas reglas específicas de apertura que en un mundo paralelo ha sido elaborado escrupulosamente hasta en los más mínimos detalles por parte de la FIDE y los expertos occidentales.

Al observador no experto en los secretos de la "werera" del senterej, a primera vista le puede parecer que ha estallado el caos total. En realidad, sin embargo, los jugadores sí saben muy bien lo que están haciendo: miran con recelo al oponente, observándolo en sus tejemanejes y lanzando contraataques contra los avances del mismo. Al mismo tiempo, la "werera" dinámica, permite a los listillos, construir una fortaleza para su rey, aunque en el senterej no se conoce la jugada del enroque tal y como se realiza en el ajedrez que conocemos nosotros.

La apertura o "werera" termina, en cuanto se haya capturado o cambiado la primera pieza. A continuación se juega el habitual ritmo de verde-dorado-verde-dorado-verde-dorado, etc. hasta que se rinda alguno de los dos oponentes o le den mate. En el caso de que se capture al "Negus" enemigo, sin embargo, entra en funcionamiento un código ético muy riguroso. Un mate no tiene automáticamente el mismo significado que otro: la valoración del final sigue una estricta jerarquía.

Para los “conocedores del oficio”, parece entre vulgar y vergonzoso, el dar mate al rey con la torre o el caballo. Tiene mucha mejor fama el golpe mortal ejecutado por un elefante. Y si ya son dos elefantes los que preparan la trampa, el vencedor recibirá un frenético aplauso. En cambio, las fuentes no dicen nada sobre lo que pasaría si un visir metiese el “gol de oro”. Probablemente es un caso que ocurre muy raras veces que esa pieza tan pausada del "Fers" alcance al comandante enemigo.

El senterej, durante siglos, se ha practicado con mucha afición, sobre todo en los círculos aristocráticos. Una estrella temprana en la modalidad del ajedrez etíope fue el Emperador Dawit II, que en las crónicas suele aparecer con su nombre natal Lebna Dengel (1508-1540). El Negus Negest libró una batalla incansable con el pintor veneciano Gregorio Bicini, que en aquellos tiempos trabajaba en el palacio del soberano, como invitado.

Más adelante, Ras Michael Sehulde Tigray (alrededor de 1691-1779), Rey de la región central de Shewa, su nieto Ras Wolde Sellassie (probablemente 1745-1816) y Sahle Sellasie (aproximadamente 1795-1847), pasaban por ser los maestros del arte etíope del mate. Hasta que entró en escena una mujer que hizo temblar a los “machistas”: la Emperatriz Taytu Betul (aproximadamente 1851 - 1918), esposa de Negus Negest Menelik II e hija de una familia noble que tenía vínculos con la Dinastía del Rey Salomón.

Los descendientes de Salomón han determinado de manera persistente a la nación. El clan afirmaba sus exigencias imperiales y espirituales en la ligazón entre el Rey Salomón de Israel y la Reina de Saba. El hijo de la pareja mítica fue, según la transmisión histórica, el primer monarca de Etiopía, Menelik I.


El Emperador Menelik II de Etiopía

Taytu Betul, una de las bisnietas de la Reina de Saba, ha marcado un hito en la historia mundial. Acompañó a su marido imperial durante la Batalla de Adua y venció al ejército italiano de expedición el 1 de marzo de 1896, que iba a hacer realidad los viejos sueños romanos al conquistar Etiopía.


El Emperador Menelik II después de la Batalla de Adua

Quizá también fueron los conocimientos estratégicos y tácticos de Taytu Betul, que encabezaba el ejército de 3.000 artilleros, los que contribuyeron a su triunfo, elaborados anteriormente, por así decirlo, en miniatura, en el senterej.


Taytu Betul, Emperatrtiz de Etiopía (fuente: Wikipedia Portugal )

En todo caso, Taytu Betul jugaba con cuchillos bien afilados. Tenía una tremenda fuerza de voluntad que la emperatriz también aplicaba en los negocios normales: únicamente aceptaba como igual a un hombre, si también demostraba maña frente al tablero.

El que quiera incluir el espíritu africano en el ajedrez, solamente tiene que pintar de verde y oro a las piezas y de rojo y azul el tablero de un juego de ajedrez normal y ya podrá empezar.

Por cierto, es absolutamente típico en el senterej, demostrar sus sentimientos de manera franca y con mucho temperamento y no hace falta callarse la boca de manera obstinada. Los comentarios gritados con furia no están prohibidos, sino que hasta son bienvenidos. Nadie va a chillar "¡Silencio! Y si los espectadores tienen una idea genial, simplemente toman la pieza en cuestión y demuestran espontáneamente sobre el tablero cómo hay que hacerlo, aunque sea en medio de la partida.

Así cualquier partida se convertirá en una auténtica fiesta. Ya lo decía la Emperatriz Taytu Betul, a la que sus contemporáneos llamaban "La luz de Etiopía", la líder del orgullo negro en el ajedrez.

Traducción: Nadja Woisin, ChessBase


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