Cuando quise ser compositor de problemas...
por
Manuel López Michelone

Uno de los capítulos más fascinantes del ajedrez es el que se refiere a la
composición de problemas y estudios. Estas posiciones inventadas por alguien
presentan una faceta muy compleja del juego ciencia. En muchos casos el
compositor de algún particular problema ajedrecístico busca esconder la idea
ganadora de tal manera que parezca imposible probar el enunciado de juegan blancas
y ganan. De ahí entonces que haya que recurrir a todo el análisis que
podamos hasta hallar la solución correcta.
Existen grandes compositores, Troisky, Kubbel, Rinck, Kasparian, etc. Muchos
de ellos consagraron la vida a esta curiosa modalidad de ajedrez y hay que
reconocerlo, han producido brillantes obras de arte. Esto demuestra que nuestro
juego no es sólo competencia desgarradora. El arte puede aparecer en estas
composiciones armadas, que tienen por supuesto que cumplir con una serie de
requisitos para que tengan validez. Por ejemplo, en los problemas de mate en
X jugadas, nunca la primera jugada debe ser jaque. Eso invalida la
composición. Si se trata de situaciones en donde uno de los bandos juega y gana
(o empata), la posición del tablero debe haberse podido dar (al menos
teóricamente), en una partida práctica. Por supuesto que existen también las
composiciones de fantasía, en donde las posiciones a resolver pueden contener
más peones de los que hay normalmente en un tablero o incluso, ¡más de un
rey!.
Así entonces, hay todo un universo que explorar en esto de las composiciones
ajedrecísticas. Sin duda, componer un problema de ajedrez no debe resultar
sencillo y Jonathan Levitt en su libro Secrets of Spectacular Chess,
analiza los conceptos más importantes en este arte. Es claro que alguna vez
muchos jugadores hemos querido incursionar en este campo de la composición
ajedrecística. Por supuesto que muchos de estos intentos no pasan a ser más
que eso, intentos de una producción artística. Sin embargo, quiero creer que
amén del valor artístico de una composición, si en ésta hay alguna idea
particular, merece ser analizada, aunque no vaya a convertirse en una obra
maestra de todos los tiempos. Con esto en mente, hace muchos años compuse mi
único problema de ajedrez, basado en una idea original de Max Euwe. Debo
aclarar que aunque el problema del ex-campeón del mundo y el mío se parecen
mucho, el del holandés es claramente más elegante en lo que se refiere a
maximizar el poder de las piezas que interactúan en la solución del problema.
Veamos el original creado por Euwe:

Mate en dos
(No pase de esta línea hasta que no quiera ver la solución)
La jugada clave es 1. Dd6! y el mate es imparable:
si 1. … T se mueve, 2.
Dxd7 mate;
si 1. … cxd6 2. Tc1 mate;
si 1. … c6 ó 1. … c5 2. Db8 mate y,
finalmente,
si 1. … b5 2. Da6 mate.
La virtud del problema de Max Euwe es que cada pieza del bando ganador cumple
con un cometido perfecto, el cual maximiza la efectividad de la acción de cada
pieza. Esto es uno de los muchos requisitos para que una composición sea legal
y correcta. Otra, que no haya otra posible solución. La jugada clave (la
primera jugada, pues) del blanco es la única que puede dar mate en dos jugadas.
Ninguna otra cumple con el enunciado. Viendo esta joyita (bastante elemental de
resolver), se me ocurrió a mí una variante. He aquí mi problema:

Mate en dos
La similitud con el problema original no es de sorprenderse. De hecho, se
parece demasiado. Diría yo que estuve a un tris del plagio intelectual.
(No pase de esta línea hasta que no quiera ver la solución)
En este
caso, curiosamente, la jugada clave del blanco es 1. Td6!.
Si 1. … cxd6 2. Dc3
mate;
si 1. … c6 ó 1. … c5 2. Tc6 mate y
si 1. … T se mueve, 2. Dxd7 mate.
Nunca antes había escrito sobre esta maravillosa composición mía porque me
parecía que no añadía nada nuevo a la composición original. Sin embargo,
creo estar equivocado. Nótese que en el problema de Euwe no existe el concepto
del peón clavado, cosa en la que se saca ventaja en mi problema. De ahí que
esta sola idea hace que exista un tema que no está en el problema original y de
ahí que considere que mi composición es rescatable. Por supuesto que podría
presentar el problema mío sin mencionar a Euwe, pero creo que no sería
correcto.
Con respecto a mi problema también, debo reconocer que no es el más
eficiente y esto le restaría puntos en más de una competencia problemística.
Esto es, la dama blanca en el problema de Euwe se convierte en un elemento
eficientísimo. En mi composición no actúa de manera tan fundamentalmente
fuerte.
Sin embargo, lo que me sigue asombrando, de ambas composiciones, es que la
casilla clave es d6. ¿Por qué? A qué se deberá que ahí se conjuga la
solución del problema y no en otra parte? Quiero creer que existe algo que aún
no entiendo, algún argumento geométrico, que podría demostrar la importancia
de esa casilla dadas las ubicaciones de las piezas que están en el tablero.
Para terminar, he aquí una extraordinaria composición, de G. M. Kasparian (Chess
in URSS 1935, cuarto premio):

Juegan las blancas y ganan
(No pase de esta línea hasta que no quiera ver la solución)
La solución es la siguiente:
1. Ce8!
(1.Cf5? Rg4 2.Ce3+ Rf3 3.Cxf1 Tf2)
1. ... Rg6!
(se amenazaba 2. Cg7+ Rg6 3. Af5
mate. Si 1. … f5 2. Axf5 seguido de 3. Cg7 mate).
2. h5+! Txh5
(2…. Rxh5
lleva al mate tras 3. Cg7+ y 4. Af5 mate).
3. f5+ Txf5 4. g4
(amenaza 5. Axf5
mate)
4. … Tf4
( si 4. ... Te5 5.Af5+
[5.Cg7 f5]
5...Txf5 6.Cg7)
5. Af5!! Tf5 6. Cg7!!
Seguido de 7. gxf5 mate ó 7. gxh5 mate.
¡Increíble solución! Puede reproducirla aquí.