Repasando la Historia

04/10/2003 – En la corte de un rey en cuyo imperio no se ponía el sol y que gustaba de armar sus ejércitos con profusión de clérigos y demás soldados de Cristo, en un mundo de cristianización, reformas y contrarreformas, nada menos que el confesor del monarca resultó ser primer espada del ajedrez en el mundo moderno. Semejante alfil no podía dejar de ser controvertido: humanista, pragmático, erudito, belicoso, con un particular concepto de lo que hoy se llama juego limpio, que él entendía como un todo vale en la guerra... De varias formas se puede leer la historia. Josep Mercadé Riambau nos da su visión en el número de octubre de Peón de Rey y también se la ofrecemos aquí. Por cierto, que la web de la  Escuela de Ajedrez Miguel Illescas se ha renovado. Por ejemplo, en la sección de notas de prensa disponen de artículos de ajedrez escaneados. Y se anuncian también cambios para la de la revista.Ruy López, un astuto y bélico humanista

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Ruy López, un astuto y bélico humanista

Por Josep Mercadé Riambau

El humanista... 

A buen seguro, todos podríais darme lecciones sobre la famosa apertura española, apodada así por haberla utilizado y defendido teóricamente Ruy López de Segura, en su Libro de la invencion liberal y arte del juego del Axedrez, publicado en Alcalá en 1561 (1)

No es mi propósito hablar de ella ni de algunos aspectos poco documentados de la vida de ese clérigo, que dicen fue confesor de Felipe II y su instructor en el juego y que protagonizó lo que se ha llamado el primer torneo internacional de ajedrez, sobre el que nos habla Salvio en su biografía del Puttino, el contrincante que lo venció.


"Il Puttino" juega con Ruy López en la Corte de España
Luigi Mussini (1813-1881) Torino, Galleria di Arte Moderna

Quiero abordar un aspecto literario y humanístico de la primera parte de su tratado, que abarca casi la mitad de los 150 folios de que consta: el paralelo que establece entre el ajedrez y la guerra. El resto del libro, que trata de la parte técnica del juego, en la que ataca despiadadamente las teorías de Damiano, no es de mi incumbencia.

Es significativo que publicara su libro en Alcalá, cuna del humanismo renacentista castellano; no en vano Ruy López participó de él publicando un tratado de numismática (hoy perdido) y una gramática latina (Gramaticae institutiones). En ese contexto debemos inscribir su elogio del Ajedrez como una de las artes liberales, haciéndolo derivar de dos de ellas, la Aritmética y la Geometría, y proclamando que su práctica es una ocupación digna de los nobles por ser juego de ciencia y no de fortuna.

Tengo que confesaros que Ruy López, a diferencia de otros entrañables clérigos como el Arcipreste de Hita, me cae antipático. A pesar de ello, en alguna ocasión me había rondado por la cabeza proponer a mi malogrado amigo Ricardo Calvo emprender una edición crítica de su tratado, en la que le reservaba, por supuesto, el estudio de los aspectos técnicos del juego. Nunca podrá ser.

Para un voluminoso ensayo que redacté sobre El ajedrez en la literatura del Siglo de Oro, estudié a fondo el caudal erudito de su tratado, plagado de frases latinas. Además de las constantes alusiones a la Moralisatio de Cessolis y del De re militari de Vegecio, que cotejé con los originales, en él registré catorce citas de ocho libros de Cicerón, otras tantas de Casiodoro, doce de Aristóteles... hasta alcanzar una nómina de 55 autores clásicos, entre los que sobresalen el bíblico autor del Eclesiástico, Marcial, Macrobio y Valerio Máximo. Curiosamente, repite cinco veces la misma frase de Ovidio, alusiva al "ludus latrunculorom", juego de tablero romano que todos los tratadistas medievales y renacentistas confunden con el ajedrez.

No es, sin embargo, esa erudición lo que me molesta de él, ni la poca fluidez con que la va engarzando en la exposición de sus ideas, sino éstas, por las que deducimos que debió ser un hombre rencoroso y taimado.

... y el astuto belicista 

Como sabrán, Jacobo de Cessolis, un dominico de finales del XIII, publicó un sermonario basado en el tablero y las piezas del ajedrez, el libro más difundido de la Edad Media, tras la Biblia. En él habla de los deberes de los plebeyos y nobles de un reino en paz. (2) 

Ruy López va siguiendo y adaptando las explicaciones del monje francés en lo referente a la invención del juego (para alertar al rey de que nada puede sin el apoyo de sus súbditos) y en el simbolismo del tablero y de las piezas. Sin embargo, discrepa radicalmente de él en un punto: el tablero no representa un reino en paz sino dos ejércitos en pie de guerra: 

(Cessolis ha) representado por este tablero una republica, o reyno: y por las pieças y peones, las diferencias de gentes, y estados, y officios, que en ella, o en el dicho reyno tenian, según que mas largamente auemos tractado en los capitulos passados. Pero siempre auemos impugnado la tal opinion, y doctrina: y demonstrado aquí no se representar ciudad, sino un campo con dos reyes, y sus gentes de guerra, aparejados para darse batalla. (f. 37) 

Bajo esa perspectiva explica, por ejemplo, los posibles lances finales de una contienda ajedrecística: 

... en este juego ay tres partes, semejantes a tres casos de la guerra: conuiene a saber, mate, que representa muerte, ò prision del rey. Otra, rompimiento, y destroço del campo, lo qual se llama robado. Otra, mate ahogado, que es como dicho tengo, encerramiento del rey, donde no puede salir, ni ser socorrido. (fs. 41-42) 

Y concluye: 

Y por tanto este juego se juega en España mejor que en otras partes, por obseruarse mejor las propiedades de la milicia, en cuya semejanza esta compuesto este juego. (f. 42) 

Dado que, para el canónigo de Zafra, el ajedrez es "invencion bélica", es normal que recurra al tratado militar de más prestigio en la antigüedad, el Epitoma Rei Militaris de Vegecio, que cita constantemente en apoyo de sus teorías y opciones ajedrecísticas. 

Vegecio compuso su tratado de estrategia guerrera a finales del siglo IV, convencido de que sólo una vuelta a las viejas tácticas castrenses podía frenar la decadencia que observaba en el imperio romano. 

Es curioso observar como, en los inicios de la decadencia del imperio "donde no se ponía el sol", el confesor de Felipe II se sirve de treinta extensas citas de ese autor latino. 

El espíritu de la compilación de Vegecio, que afirmaba que "debemos hacer sólo lo que consideremos útil para nosotros" pues "lo que te aprovecha a ti, perjudica al adversario, y lo que a él le favorece, a ti siempre te estorba", se aviene a la perfección con el carácter astuto de Ruy López y con la filosofía que rige su estrategia ajedrecística. 


Portada de la traducción francesa 
(París, 1615) del libro de Ruy López

No es de extrañar que esa perspectiva bélica del Libro de la invencion liberal... gustara al Rey Prudente que, según algunos biógrafos, planeaba sus batallas como si de una partida de ajedrez se tratara. Felipe II, además, debía conocer el De re militari, dado que la Biblioteca del Escorial guarda dos de sus más viejas traducciones castellanas. 

Establecido que el ajedrez es un simulacro de la guerra, la continua referencia a los consejos militares de Vegecio, que Ruy López tan hábilmente trae a colación, confieren autoridad a sus planteamientos tácticos. 

En el más largo capítulo de esa primera parte, el 27, a caballo entre lo humanístico precedente y de lo técnico que seguirá, en que establece unas normas de estrategia para el juego, es donde pesan más las exhortaciones de Vegecio. Así, el tratadista latino avala la primera, en la que establece que "quando se porna à jugar si fuere de dia claro, y al sol, procure que el enemigo tenga el sol de cara, porque lo ciegue: y si fuese obscuro, y se jugare con lumbre, hazer que la tenga a la mano derecha: porque le perturbe la vista, y la mano derecha que trae por el tablero, le haga sombra: de modo que no vea bien donde juega las piezas." (F. 47) 

La guerra sicológica, a la que tanta importancia concede el ajedrez moderno y las novelas que lo reflejan, asoma ya con fuerza en esos astutos consejos: 

Si a ti no te haze al caso jugar mas con unos trebejos que con otros, y vieres que tu enemigo tiene costumbre de jugar con unos señaladamente, aquellos armes à tu parte, y finjas tener tu uso de jugar con aquellos: porque es parte de perturballo. (f. 48) 

Las siguientes reglas, también ilustradas por Vegecio, piden que "pretenda vencer al contrario por fuerza y no por error" y que "no juegue lances infructuosos, que llaman baldados."(f. 48). 

Siguen tres consejos parecidos: que no cure de entrar con el adversario "en primores, pudiendo ganalle el juego sin ellos"(f. 49), que "ninguno de ventaja à otro" y que, en caso de concedérsela, que esta sea mínima. 

También pretende una ventaja sicológica la norma séptima: 

Que siempre el jugador procure de traer a su enemigo lo mas fatigado y affligido que ser pueda. Porque trayendolo assi apretado, le cansara la fuerza de la imaginacion, y le hara cometer errores. 

Las siguientes reglas aconsejan acometer siempre "con sus gentes bien ordenadas"(f. 50) y que "siempre procure de sacar sus pieças, y desembaraçallas trabajando de aprouecharse de todas, y no ande haziendo caualgadas ni dando rebatos por tierra de los enemigos con una sola" (f. 51) ilustrándolo -una vez más- con citas de Vegecio y también de Plinio. 

Llegados a este punto nos preguntamos: ¿Realmente los cuatro libritos del Epitoma Rei Militaris (3) influyeron en el juego y estrategia ajedrecística de Ruy López, o bien ésta, totalmente autónoma, sólo se sirvió de las citas de Vegecio para dar autoridad y lustre intelectual a su tratado y afianzar su afirmación de que el ajedrez es un arte liberal? Creo que nadie podría probar con certeza ninguna de las dos opciones. 

En conclusión, Ruy López, cuyo tratado, traducido a varias lenguas, supuso un serio avance del ajedrez europeo y tuvo vigencia hasta los tratados italianos del XVII, está plagado de erudición pero también muestra sus poco caballerosos consejos militares para aplastar al contrincante. 

Por ello no me cae simpático, porque soy pacifista y porque, además, siempre he estado más cerca de los Quijotes que de los Sansones Carrasco. 


Notas:

1) Ruy López de Segura, Libro de la invención liberal y arte del juego del Axedrez, En casa de Andrés de Angulo, Alcalá de Henares, 1561 (Hay una edición facsimilar a cargo de un paisano suyo, Antonio J. Osuna Lara, publicada en Zafra, 1989) (volver al texto)

2) La única adaptación castellana conocida, más que traducción, de la obra latina de Cessolis (de cuyo apellido he encontrado más de treinta variantes), fue la del licenciado Reyna: Dechado de la vida humana moralmente sacado del juego del ajedrez (Valladolid, 1549). Hay la siguiente edición disponible: Jacobo de CESSOLIS (y Martín de REYNA), El juego del ajedrez o dechado de fortuna (Edición de Marie-José Lemarchand), Madrid, Siruela, 1991. En 1900 y 1902, J. Brunet y M de Bofarull publicaron dos de las tres traducciones catalanas que tenemos del s. XV. (Buscadlas por Cessulis) (volver al texto)

3) He consultado una edición latina de Vegetius (Leipzig, 1885), pero hay reciente edición crítica castellana. (volver al texto)


Por gentileza de


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