Ajedrez y conducción de coches

28/10/2006 – El ajedrez y la conducción automovilística tienen unos rasgos comunes que no pueden dejar de sorprendernos. Juan Antonio Montero, Secretario General del Club Linux-Magic, hizo un estudio "riguroso" y "metodológico" del asunto, analizándo estas semejanzas siguiendo un orden y una serie de puntos que se nos antojan ineludibles: aprendizaje, perfeccionamiento, necesidad de teoría y práctica, objetivos, tipología y competición. La conclusión que saca al final de su artículo es que hay una diferencia importante: si se quiere ir al retrete, en ajedrez se tiene mucho más fácil que en el automovilismo. Artículo por J. A. Montero...

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Ajedrez y conducción de coches

Por Juan Antonio Montero

“Hay veces en que la verdad no es lo que parece y lo que parece termina adoptando forma de verdad”.

El ajedrez y la conducción automovilística tienen unos rasgos comunes que no pueden dejar de sorprendernos a poco que se analice la cuestión con ánimo emprendedor y apertura de mente.

Hasta ahora nadie había logrado, que se sepa, poner de manifiesto las enormes y sorprendentes semejanzas entre ambas actividades, conducir y jugar al ajedrez, y ello a pesar de que hay mucha gente que tiene ya coche y que existen decenas de millones de practicantes habituales de ajedrez.

 

Aunque bien es cierto que el subconsciente sí ha sido capaz de entrever esta realidad antes que el muy conservador pensamiento consciente (como ocurre en tantas otras ocasiones y como por otra parte demuestran, rebosando sabiduría y entusiasmo, los psicoanalistas). Y así, como quien no quiere la cosa, se dice habitualmente: “Fulanito conducía las piezas blancas...”. Bastante revelador, ¿no es cierto?

Puesto que el objeto de este artículo, que además creemos que es primicia, es realizar un estudio riguroso y metodológicamente impecable, analizaremos estas semejanzas siguiendo un orden y una serie de puntos que se nos antojan ineludibles: aprendizaje, perfeccionamiento, necesidad de teoría y práctica, objetivos, tipología y competición.

1. Aprendizaje:

En esta primera fase, ya empiezan a manifestarse contundentemente las similitudes entre una cosa y otra. En el principio, tanto las piezas de ajedrez como las palancas y mandos del coche nos dominan: bastante tiene el pobrecillo aprendiz con atinar con la casilla adonde va el caballo o con meter la marcha y embragar a la vez como para preocuparse de terminar la partida o de llegar con el coche a algún sitio; también se las verá y deseará para acordarse de que debe anunciar tanto el jaque como el giro a izquierda, y no digamos el engorro de acordarse de las peculiaridades de los peones o de las distintas velocidades del limpiaparabrisas. Sin mencionar las novatadas (y el ridículo que se hace) de comenzar la partida con el peón de “h” o de “a” o, cuando del coche se trata, de arrancar con el freno de mano echado.

En una fase más avanzada del aprendizaje ya aprendemos mecanismos más complejos: el enroque, ya sea corto o largo con sus distintas condiciones y prohibiciones (no hacerlo si nos están dando jaque, tampoco si hay piezas de por medio, etc.) versus el aparcamiento, ya sea en paralelo o en batería, con sus distintas condiciones y prohibiciones (no hacerlo en un paso cebra, tampoco en las salidas de ambulancias, etc.).

Una ventaja del ajedrez sobre la conducción es que se puede aprender sin trabas y jugar a edades muy tempranas. Por imperativo legal esto es imposible a la hora de aprender a conducir, aunque siempre quedan los patines, la bicicleta en sus distintos tamaños o el ciclomotor como alternativas válidas.

2. Perfeccionamiento:

Entiendo el perfeccionamiento como el dominio de la globalidad en ambos procesos, superado ya el conocimiento de los elementos aislados.

Así, el aprendiz de ajedrecista ya empieza a comprender las distintas fases del juego y que la partida es una realidad dinámica que se puede dominar. Aunque se pierda. Lo mismo ocurre con el aspirante a conductor: no se debe centrar ya en el manejo exclusivo de los mandos del vehículo, sino que aprende que, aparte de manejar estos elementos, existe una realidad dinámica que tiene que dominar, respetar, eludir o sortear según los casos: semáforos, señales, policías de tráfico, atascos, tipos borrachos conduciendo, peatones, obras en las calles antes de elecciones, radares y demás.

3. Necesidad de teoría y práctica:

En ambos casos teoría y práctica son estrictamente necesarias: si carecemos de conocimientos teóricos ajedrecísticos, no seremos sino simples jugadores de café y nunca llegaremos a saber jugar de verdad; si no sabemos teoría en conducción de coches, suspenderemos el examen teórico y nunca llegaremos a conducir y además nos habremos gastado un dineral en vano, salvo que optemos por la posibilidad de ir sorteando de por vida a la Guardia Civil de Tráfico.

Para el aprendizaje de teoría y práctica son muy necesarios los monitores en ambos casos, si bien es cierto que los de ajedrez son infinitamente más baratos que los de lo otro y además no se confabulan para igualar las tarifas.

4. Objetivos:

Ambas actividades pueden realizarse con dos objetivos distintos: para disfrutar de sus ventajas y para practicarlo como deporte.

Así, como ventajas propiamente dichas, encontramos en el ajedrez su aspecto lúdico y también su faceta como favorecedor de los procesos mentales. Los objetivos de la conducción, como no podía ser menos, son asombrosamente parecidos, lo que viene a seguir reforzando esta novedosa teoría que por primera vez exponemos.

Así, tiene un elemento lúdico, por aquello de disfrutar de correr como un loco o una loca, y tiene también un papel de favorecedor; pero en vez de serlo de los procesos mentales, lo es de los procesos físicos (es decir, de ir de un sitio a otro: como las piezas de ajedrez cuando uno las menea). Con relación al objetivo de practicar estas actividades como deporte, nos remitimos al punto sexto.

5. Tipología:

Saber conducir no es obligatorio, por mucho que parezca que todos estamos obligados a comprar un coche, y mientras más caro mejor, por aquello de que lo vean los otros y de hacer caso a los anuncios de la tele.

Aclarado esto, y como no es necesario decir que tampoco es obligatorio jugar al ajedrez, convendremos en que dentro de la tipología humana que juega al ajedrez o/y que conduce, hay dos categorías: los que lo hacen porque quieren, y los que son profesionales.

Se va en coche de un sitio a otro porque se quiere, puesto que en realidad se puede ir también en tren, en autobús, en taxi o se puede ir andando, que tampoco pasa nada y que además suele ser más sano y más barato. Y se puede jugar al ajedrez como se puede jugar a cualquier otra cosa: al mus, al tenis, a la oca o a la pelota vasca. O al fútbol, aunque este último megadeporte no parezca que sea optativo, sino obligatorio: de hecho, ocupa una cuarta parte de cualquier telediario.

El profesional, es decir, el que se dedica al ajedrez o a la conducción con fines lucrativos, ya es harina de otro costal: así, tenemos por la parte de la conducción a los taxistas, conductores de ambulancia, gruistas, camioneros, pilotos de carreras, etc.; por la parte ajedrecística tenemos a los jugadores de torneos.

6. Competición:

Ajedrez y conducción pueden practicarse como actividades competitivas. Cuando la competición es de altísimo nivel, como en la Fórmula I o los matches de candidatos de ajedrez, se precisan además equipos amplios de ayudantes, entrenadores y auxiliares.

Aunque el que triunfa es uno solo, el equipo no puede fallar: un mecánico que cambie mal una rueda en boxes o un analista que pifie, pueden dar al traste rápidamente con el trabajo mejor planificado. Después, al que falla se le echa y no se le contrata más; pero en principio, el equipo debe de estar unido.

Hay una diferencia importante, sin embargo, cuando se llega a estos niveles de altísima competición: que si se quiere ir al retrete, en ajedrez se tiene mucho más fácil que en el automovilismo. Y además se puede ir decenas de veces.

Enlaces:

Página web del Club de Ajedrez Linex Magic


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