Al césar lo que es del césar

04/12/2003 – El 1 de noviembre nos hicimos eco del fallecimiento de la destacada figura y personalidad del ajedrez español y venezolano que fue Antonio Medina. Es difícil el género de las notas necrológicas y los obituarios. Se trata de expresar los propios sentimientos y de dar a conocer a la persona que nos deja, en todas sus facetas y en un espacio siempre insuficiente. A menudo sucede, además, sobre todo si se trata de ajedrecistas, que otro tipo de acontecimientos relegan a un segundo sitio su merecida referencia en la prensa general. En el número de diciembre de Peón de Rey, comparte portada con Kasparov, Anand y de la Riva. Suya es también la cita del mes. Y en el interior se le tributa un sentidoAdiós al Maestro

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Antonio Medina (1919-2003)

Adiós al Maestro

El pasado día 31 de Octubre falleció en Barcelona el Maestro Internacional Antonio Medina, una de las más relevantes figuras del ajedrez español, a la edad de 84 años.
Su muerte, para muchos de los que le conocían, habrá sido una sorpresa, ya que Medina, a pesar de su edad, gozaba de una salud envidiable aunque había sufrido una operación quirúrgica dos semanas antes, de la que parecía que se estaba recuperando satisfactoriamente. Sin embargo un inesperado empeoramiento de su salud llevó a un desenlace fatal dejándonos a sus amigos sin la entrañable presencia de quien bien pudiera denominarse el Patriarca del ajedrez español. 
Con él se va una figura irrepetible, protagonista indiscutible de una época donde, tras el período de la Guerra Civil, nuestro ajedrez fue lentamente recuperándose hasta alcanzar el puesto de indudable prestigio que hoy tiene.
Aunque PDR le dedicó en el número 4 un artículo que inauguró la sección "Mención de Honor" quisiera citar aquí mis impresiones personales sobre el Maestro.

Lo primero que destacaba de Medina era su afabilidad. Era una persona modesta y honrada, del que no conozco en muchos años, que tuviera enemigos. Nada engreído, a pesar de su enorme historial no dudaba en jugar una partida amistosa con quien fuera, y aunque prácticamente retirado de las competiciones desde hacía años (sólo jugaba el Campeonato de Cataluña por equipos con su club, por cierto con gran éxito) era frecuente verlo por el Club Barcelona Vulcà disputando partidas rápidas o comentando cualquier partida, pues siempre estaba dispuesto a ayudar con sus enseñanzas a quien le pidiera consejo.
Su honradez a prueba de bomba, por encima de cualquier supeditación al poder, le creó más de un problema a lo largo de su vida, empezando por la propia federación española de los años 50, cuando finalmente decidió trasladarse a Venezuela durante 10 años. Pero él era así. Su independencia de criterios estaba antes que cualquier beneficio personal.
Su caballerosidad ha sido justamente alabada en muchas ocasiones y en este mismo artículo podemos contrastar opiniones de otras personas que le conocieron, siempre con las mismas conclusiones.
Su vitalidad y amor por el ajedrez también fueron extraordinarios. Eligió el ajedrez y fue feliz con esa dedicación. Nunca dejó de disfrutar de una partida, ya fuera jugándola o analizándola. Su tablero de bolsillo siempre le acompañaba, incluso en el hospital, junto con una buena colección de novelas policíacas, género que le entusiasmaba. Recuerdo más de una disertación que me dio sobre las obras de Agatha Cristie y su inclinación a esconder las pistas a mitad del relato. Por supuesto que Antonio había desarrollado la facultad de descubrirlas fácilmente.

Como el resto de los mortales, todos los ajedrecistas terminan desapareciendo, aunque dejan tras de sí sus obras, sus partidas. Las de Antonio incluyen algunas extraordinarias. Sus resultados frente a jugadores destacados tal vez no sean del todo conocidos y aunque se sabe que venció al Campeón del Mundo Alekhine en 1945, quizá no sea tan sabido que hizo lo propio con Euwe, aunque en 1951 ya no era campeón pero sí un rival fortísimo. También en "Mención de Honor" se menciona su victoria frente a Fischer en un torneo de partidas rápidas (a 10 minutos) en Venezuela, en 1960. Añadiría que en ese torneo Medina hizo 9 puntos de 9 partidas, y le sacó dos puntos de ventaja a Fischer.
Antonio Medina García nació el 2 de Octubre de 1919 y aprendió a jugar a los 14 años. Muy pronto ya destacó como un ajedrecista notable aunque la época que le tocó vivir en su juventud, con la guerra civil española en la que tomó parte como combatiente y el difícil período de la posguerra, supuso un serio obstáculo para su carrera ajedrecística.
A pesar de todo, ya en 1942 alcanzó importantes éxitos, especialmente al ganar la semifinal del Campeonato de España (¡con 3 puntos de ventaja!) y empatar en el primer lugar del campeonato nacional, el primero que se disputaba después de la guerra. Aunque perdió el desempate frente a J. M. Fuentes, lo que le privó de disputar el título de campeón de España frente al Dr. Rey Ardid, ya que en aquella época dicho título se decidía mediante un match con el vigente campeón.
Pero dos años después, en 1944 cuando el título se decidió en un cerrado a doble vuelta, Medina logró el primero de sus títulos de campeón de España, lo que repetiría al año siguiente y también en 1947 y 1949. Sólo falló en 1946 donde quedó a medio punto de Pomar, y en 1948 en que no participó, al encontrarse jugando en Buenos Aires, lo que da una idea de su superioridad en aquella época. Aunque mayor prueba la dio en 1952 cuando ganó el Campeonato de España con cuatro puntos de ventaja. Fue esta su última participación en un largo período de 10 años, ya que en 1953 se trasladó a Venezuela, decisión en la que tuvo bastante que ver la actitud de algunos dirigentes de la Federación Española de la época.
El regreso, en 1963 fue triunfal, ya que de nuevo gana el Campeonato de España, cediendo sólo tres tablas en 15 partidas y ganando el resto, aventajando al segundo en 2,5 puntos. Al año siguiente Medina repitió su triunfo, logrando el último de sus títulos nacionales.
Aparte de los éxitos logrados en España, en su período "americano" Medina ganó el campeonato de Venezuela en tres ocasiones 1955, 1956 y 1958, además del Campeonato Open de los Estados Unidos en 1962 y el Zonal Centroamericano y del Caribe en 1954. También venció en Hastings 1952/53 y  Wijk aan Zee 1968.
En las Olimpiadas, tomo parte en Tel Aviv 1964, La Habana 1966, Lugano 1968, Siegen 1970, Skopje 1972 y  Haifa 1976.

Sobre Antonio Medina:

 

Javier Ochoa (Presidente de la Federación Española de Ajedrez):
Se nos fue Antonio y con él una buena parte de la historia del ajedrez español. Siempre afable y con ese porte señorial que le caracterizaba fue capaz de vivir una vida plena como ajedrecista integral. Para los más jóvenes es difícil imaginar lo buen jugador que fue sin haberle conocido, pero Antonio marcó una época en España y en Venezuela donde pasó varios años en su juventud. Su vida como jugador fue extensa y somos varias las generaciones de jugadores que nos hemos enfrentado con él sobre tablero. Como anécdota mencionaré que la partida más larga que yo he jugado- en aquella época donde aun existían las partidas aplazadas- fue contra él, nada menos que 14 horas después de las cuales Antonio acabó imponiendo su mínima ventaja. Supo mantenerse en el mundo del ajedrez aguantando el peso de los años con enorme dignidad. En su última etapa, a pesar de que aun jugaba algunas partidas, se recicló como árbitro internacional y era conocido como uno de los más prestigiosos y mejores del mundo. A pesar del vacío que provoca su desaparición nos queda el consuelo de saber de que vivió su vida como quiso vivirla: como Ajedrecista.
 

Toni Ayza (Presidente de la Federación Catalana de Ajedrez):
Antonio Medina, no solo ha sido un gran jugador que ostenta todavía el record de victorias en el Campeonato de España, sino que sobre todo fue un caballero del tablero. Tuve el placer de conocerlo en una edición del Open de Sants, a la que acudió como espectador. Le enseñe una carta suya manuscrita, que unos coleccionistas habían recuperado para la exposición del Open. En la carta fechada el 23 de junio de  1947 Antonio Medina, que acababa de reconquistar el título de campeón de España, decía a su admirador. “Asimismo me hace el honor de patentizarme su admiración por mi estilo de juego, que he procurado se saliese de los rutinarios y prosaicos derroteros que practicaban los jugadores de la ante-guerra”. Cuando le enseñe la vitrina que guardaba su carta y una foto suya autografiada del periódico, un Antonio Medina emocionado solo atinó a decir “Como pasa el tiempo”. 
 

Leontxo García (Periodista):
Si alguien sirve para ilustrar la conveniencia de jugar al ajedrez como prevención del mal de Alzheimer, ése era Antonio Medina. Falleció con 84 años recién cumplidos y más lucidez mental que muchos jóvenes. Es una de esas muertes que te dejan un profundo dolor a pesar de que sabías que podía ocurrir en cualquier momento.
El dolor se debe, entre otras razones, a que Antonio era, además de un gran ajedrecista, uno de los hombres más cultos que he conocido, y un ser de bondad excepcional. Si ibas con él al cine, por ejemplo, te daba una conferencia previa en el taxi sobre el director y los actores. Ya sentados en las butacas, durante los anuncios con luz mortecina, Antonio sacaba el tablero de bolsillo y te mostraba su partida más reciente, sin perder ni un segundo. De vuelta al hotel, hacía una crítica rigurosa de la película y aprovechaba alguna de sus secuencias para recordar acontecimientos históricos y obras literarias con una precisión asombrosa.
Pero quede claro que el ajedrez era la mayor de sus pasiones. Cada vez que terminaba una partida de torneo, ganara o perdiese, invitaba al rival a analizarla con él, y después seguía con esa disección sólo, durante la cena, con el tablero de bolsillo al lado del plato. No era, ni mucho menos, un maníaco; simplemente buscaba la verdad y la belleza.
Pablo Morán, en su libro Campeones y Campeonatos de España (Editorial Aguilera), glosa de forma muy acertada a este entrañable intelectual: "De haber vivido en otra época, Medina hubiera sido trovador o espadachín, o hubiera convencido a Sócrates de que no se tomase la cicuta, habiendo en el mundo tantas hermosas mujeres que admirar y adversarios que batir en el tablero". Su vida era tan intensa y polifacética que hubiera merecido vivir 200 años.

  

Por gentileza de


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