El filósofo Charles Sanders Peirce y el ajedrez

16/09/2021 – Charles Sanders Pierce (1839-1914) fue un filósofo, lógico y científico estadounidense que, influido por su admiración por su contemporáneo Paul Morphy (1837-1884), también cayó rendido al influjo del ajedrez. Siendo así, lo practicaba, con el peligro que, mientras cursaba sus estudios superiores, y para reproche de su padre (quien como alcalde de Boston estuvo presente en el célebre banquete que se le ofreció a Morphy a su regreso de la exitosa gira por Europa) , perdiera el tiempo en el juego en demasía alterando sus prioridades. Artículo por Sergio Ernesto Negri. | Foto: Wikipedia

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Desde el punto de vista del estilo ajedrecístico, pareciera que Pierce era más bien agresivo, incluso con las piezas negras (era partidario de la Defensa Schliemann en la Apertura Ruy López). Lo cierto es que se hallaron libros anotados por él y partidas analizadas con cierto grado de puntillosidad, incluso en etapa posterior de su vida (a los 55 años de edad por caso), lo que habla de una pasión de índole permanente.

Charles Sanders Peirce

Es más, en la etapa de madurez, y con problemas financieros por resolver, pudo dedicarse a una columna de ajedrez (“Our chess corner“) que le generó algunos ingresos adicionales. Y tan necesarios. Ello ocurrió en tiempos del gran torneo de Hastings de 1895, ese que fue ganado, tan inesperadamente, por otra luminaria norteamericana: Harry Nelson Pillsbury (1872-1906),

Pero, más allá de su forma de aproximarse al ajedrez en tanto práctica, hay que inferir que pudo haber sido el juego arquetipo en algunos de sus teóricos desarrollos ulterior en su calidad de lógico. Y lo que, para alguien que no se dedicó al ajedrez sino que, siguiendo el mandato parental, y probablemente sus propios impulsos, se dedicara a la ciencia, lo que es relevante es cómo Peirce lo contempló en su obra.

En principio para el pensador el ajedrez estaba íntimamente relacionado con las matemáticas, lo que es toda una definición. Sin embargo, creía que el juego tenía, a diferencia de lo que sucedía con esa ciencia, las alas recortadas (seguramente por la limitación del tablero), ya que solo podía “recorrer por su superficie”. Sin embargo lo apreciaba y lo dotaba de complejidad: creía que era más que una mera cuestión de análisis y de la confrontación entre dos adversarios.

Por otra parte, ya en textos escritos, lo empleó como parábola, aunque no con demasiado detalle, pero sí con suficiente fuerza, tal como lo hizo en sus reflexiones sobre “pragmaticismo” (“pragmatismo”), un campo de estudio que constituye su contribución intelectual más destacada. Al hablar de esa idea, que lleva implícita la de que la teoría surge de la práctica y, a la vez, la nutre a esta, no dejando de reparar en su querido ajedrez, dirá lo siguiente:

“Pragmaticista: Servirá para mostrar que casi toda proposición de la metafísica ontológica es un galimatías sin sentido —una palabra está definida por otras palabras y ellas por otras más, sin que jamás se haya alcanzado una concepción real— o bien es francamente absurda; de modo que toda esa basura eliminada, lo que quedará de la filosofía será una serie de problemas susceptibles de ser investigados por los métodos de observación de las ciencias verdaderas, cuya verdad se puede alcanzar sin esos interminables malentendidos y disputas que han hecho la más alta de las ciencias positivas, un mero entretenimiento para los intelectos ociosos, una especie de ajedrez; el placer ocioso es su propósito y la lectura de un libro su método”.

Sobre el mismo punto agregará, casi de inmediato:

“Otra cosa: al representar al pragmático como haciendo que el significado racional consista en un experimento (del que hablas como un evento en el pasado), sorprendentemente no logras captar su actitud mental. De hecho, no es en un experimento, sino en los fenómenos experimentales, donde se dice que consiste el significado racional. Cuando un experimentalista habla de un fenómeno, como el “fenómeno de Hall”, el “fenómeno de Zeeman” y su modificación, el “fenómeno de Miehelson” o el “fenómeno del tablero de ajedrez”, no se refiere a ningún evento particular que le sucederá a alguien en el pasado muerto, pero lo que seguramente le sucederá a todos en el futuro vivo que cumplan ciertas condiciones. El fenómeno consiste en el hecho de que cuando un experimentador llega a actuar de acuerdo con un cierto esquema que tiene en mente, entonces sucederá otra cosa y hará añicos las dudas de los escépticos, como el fuego celestial sobre el altar de Elías”.

Charles S. Peirce: the essential writings, The essentials of pragmatism, en https://archive.org/details/charlesspeircees0000peir/page/272/mode/2up?q=chess

Charles Sanders Peirce, padre del pragmatismo y uno de los fundadores de la semiótica, fue otra mente brillante que supo tener al ajedrez muy cerca de su radar intelectual y de su pasión a lo largo de su fructífera vida.

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