Luz, cámara, ajedrez

19/10/2012 – El renombrado director de cine Juan Carlos Desanzo, de 74 años, es uno de los 200 participantes del torneo continental americano. Ese hombre bajo, de contextura maciza, rostro ovalado, ojos tiernos y voz con carraspera, al que le platearon los cabellos las cenizas de los años, conoció los aromas de la vieja Buenos Aires; en su perfume de naranjo en flor las promesas vanas de un amor, también se escaparon con el viento. Es que hace más de medio siglo que el célebre cineasta, instado por un mandato familiar, sin opciones, puso al ajedrez junto al corazón del olvido y jamás volvió a repetirlo. Hoy, a más de 60 años de aquella decisión, su figura se pasea anónima por uno de los salones del hotel Casino. Un rictus permanente que delata la felicidad interior que se le escapa por los poros, lo diferencia; ese hombre se rencontró con un viejo amor. Aquí tienen la historia contada e ilustrada por Carlos Ilardo y Graciela Manteiga...

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Viernes, 19 octubre de 2012

VII Torneo Continental de Ajedrez 2012 en Mar del Plata

El VII Torneo Continental de las Américas tiene lugar en Mar del Plata (Argentina) entre el 12 y el 21 de octubre de 2012. Se trata de un torneo suizo a 11 rondas, con un control de tiempo de 90 minutos para 40 movimientos, seguido por 30 minutos para el resto de la partida, con un incremento de 30 segundos por jugada. Los premios son sustanciosos: US$5000 para el primero, US$3400 para el segundo, US$2400 para el tercero, hasta un total de 20 premios, además de otros especiales por categoría. Los cuatro primeros se clasificarán para la Copa del Mundo de la FIDE, del ciclo del Campeonato del Mundo.

Luz, cámara, ajedrez

Por Carlos Ilardo, con fotos de Graciela Manteiga

El renombrado director de cine Juan Carlos Desanzo, de 74 años, es uno de los 200 participantes del torneo Continental; de la pobreza al éxito, todos los matices.

Ese hombre bajo, de contextura maciza, rostro ovalado, ojos tiernos y voz con carraspera, al que le platearon los cabellos las cenizas de los años conoció los aromas de la vieja Buenos Aires; en su perfume de naranjo en flor las promesas vanas de un amor, también se escaparon con el viento. Es que hace más de medio siglo que Juan Carlos Desanzo, de 74 años, célebre director de cine, de fotografía, guionista e incluso actor, instado por un mandato familiar, sin opciones, puso al ajedrez junto al corazón del olvido y jamás volvió a repetirlo. Hoy, a más de 60 años de aquella decisión, su figura se pasea de manera anónima por uno de los salones del Hotel Casino; Desanzo, es uno de los 200 participantes del 7° Campeonato Continental Absoluto de Ajedrez que se realiza en Mar del Plata, pero un rictus permanente que delata la felicidad interior que se le escapa por los poros, lo diferencia; ese hombre se rencontró con un viejo amor. Nace la historia.

“Aprendí a jugar en 1945, en tiempos en los que la Argentina declaró su participación en la Segunda Guerra Mundial, cosa que muchos no saben, en la lucha de Aliados contra el Eje; en el país había simulacros de oscurecimientos y un vecino, Raimundo García me enseñó los rudimentos del juego a la luz de una vela en el zaguán de mi casa. Él siguió con el ajedrez fue campeón argentino y representante en las olimpíadas de ajedrez. Le guardo un gran respeto por ello”, contó Desanzo, el papá de María y Pablo, y que hizo su debut como director en 1983 con El desquite –oportunidad en la que dirigió a Ricardo Darín- y siguió En retirada -dirigió a Gerardo Sofovich, en 1984-, La búsqueda (1985), Eva Perón (1996), Hasta la victoria siempre (1987) y El Polaquito (2003) entre casi medio centenar de películas.

¿Y por qué se alejó del juego?

En mi casa en Palermo Viejo había mucho amor y más prohibiciones; éramos muy pobres. Mi padre, Juan era barrendero y mamá, Felisa Pellerano, mucama. Un día llegué a las 6 de la mañana desde el Club Jaque Mate y mi viejo me dijo: “dejá el ajedrez, hacé el secundario y tráeme un título”. Mi última partida fue a los 12, en el Nacional Avellaneda, allí jugamos un intercolegial y nuestro rival fue el Otto Krause. Me tocó jugar con un tal Oscar Panno, para qué voy a contarte el resultado. Al otro año él fue campeón mundial. Para mí es un recuerdo imborrable aunque seguramente él ni deba acordarse de fui su adversario”.


Juan Carlos Desanzo

Desanzo que sintió el rigor de una infancia desangelada; a los 5 vendía hielo por las casas y usaba por pantalones bolsas del Molino Minetti, contó: “Había mucha miseria, esas bolsas se usaban de manteles, cortinas e incluso de ropa interior. Mi mamá me vestía con eso. Un día llegó al barrio el camión de la Fundación Eva Perón. Hice cuatro cuadras de cola hasta que llegó mi turno. La primera sorpresa fue que la propia Evita repartía las cosas. Me miró y con tono arrabalero me dijo: “Che pibe, vos que querés”, “un pantalón señora” le balbucee”. Ella buscó entre unos canastos, me midió a la distancia y de pronto me tiró con un pantalón que me estalló en la jeta. “este te va a ir bien” me dijo con una sonrisa. Yo sentí a partir de ese día que podía salir a la calle con más alto grado de dignidad. Lo que sucedió después tal vez se llame deuda de gratitud, de un modo u otro debía pagarle lo que había hecho por mí. Esa deuda creo haberla pagada con el film Eva Perón (Esther Goris) y el guión de José Pablo Feinmann”.

Juan Carlos Desanzo, que admira a Borges y Fellini, hace 20 años que riega el romance junto a María Cristina Gut; en 2005, en su casa en Cariló, lugar que se trasladaron por razones de seguridad parecidas al miedo tras sufrir dos asaltos en Escobar, ella lo indujo al regreso al ajedrez en un torneo que se disputaba cerca del hogar. “Desde entonces me aferré a esto, incluso desde hace dos meses estudio 4 horas por día. Así que, si salen películas, bien; de lo contrario, ¡que viva el ajedrez!”, exclama jubiloso con el inconfundible marco marplatense, mientras posa para una nueva fotografía.

Sin dudas, Juan Carlos Desanzo es un verdadero jugador de película.

Texto: Carlos Ilardo

Fotos: Graciela Manteiga

Todas las de Desanzo en Mar del Plata partidas para reproducir

 


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