Nueva York: Ajedrez sin límites étnicos

16/11/2006 – Queens es el distrito municipal más grande de la ciudad de Nueva York y también el de más diversidad de Estados Unidos desde el punto de vista étnico: el porcentaje de inmigrantes asciende a un 46 % de los residentes. En el parque MacDonald Memorial se suele reunir gente de todos los países del mundo para... ¡Sí, para disputar partidas de ajedrez relámpago! Imagínese el nombre de un país y verá que alguien de ahí estará golpeando el reloj. David Pambianchi nos describe sus impresiones en un bonito reportaje...

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Acudieron para jugar al ajedrez relámpago en el parque

Por David Pambianchi

Chocolate, vanilla, caramelo de almendras de jamoca: eso sirve para describir el Círculo de Ajedrez del parque Capitán Gerald MacDonald Memorial, en Queens (Nueva York) No es así porque el camión del Sr. Softie suene en el área con regularidad, sino porque es allí donde reside la congregación étnica más diversa de este lado de los Estados Unidos. Atraídos por el juego, una buena mezcla cultural de jugadores se suele acercar al parque para disputar partidas de ajedrez relámpago.

Como el fútbol, y como ya indica el nombre, el ajedrez "relámpago" es un juego rapidísimo. ¡Piense rápido! ¡Mueva rápido! ¡No se deje apoderar por el pánico! Muchas veces las manos vuelan sobre el tablero y golpean el reloj tan deprisa que las piezas terminan cayéndose al suelo. A los espectadores y jugadores, cristianos, musulmanes, hindúes, budistas y de muchos otros colores y sabores, eso les hace mucha gracia. Les encantan esas partidas rápidas de sólo 3 ó 5 minutos. Hay que ganar la partida antes de que el contador de tiempo indique que se acabó, sea soltando pitidos, flashes o bajando una banderita pequeñita. En el otro caso, e independientemente del material que quede sobre el tablero, la partida se perdería por tiempo.

El ajedrez y sus relojes ignoran la edad, el sexo, la religión o la raza que tenga el jugador. Las doce mesas de ajedrez suelen estar rodeadas de multitud de residentes en Nueva York, esperando su turno. Hay italianos, cubanos, albaneses, pensionistas de Alemania, estudiantes de Austria, Hungría y Letonia y un joven chaval de Sri Lanka. Después de haber aparcado su taxi cerca del parque, un experto de Indonesia quiere enfrentarse en una partida con su amigo de Turquía que acaba de salir del metro. En otra mesa, un maestro colombiano y otro israelí atraen a muchos espectadores, entre ellos, un griego, un dentista rumano, un señor de Montenegro, un abogado alemán, un afro-americano, un belga y un latino mientras que el dueño de un bar Deli de Nepal se acerca corriendo para traer café caliente. Hay representantes también de Rusia, Serbia, Bosnia, Inglaterra, Francia, Georgia, Irlanda y China.

Aquel parquecito, situado enfrente de Correos, con su gran variedad de árboles, plantas y flores, acoge también a algunos jugadores de dominó y backgammon y la gente pasea por allí.

Al ser un sitio relativamente libre de juegos de azar, alcohol y drogas, el parque es un acogedor asilo para todos. Cocinas variadas adornan el bulevar Queens y la calle Austin. Además hay sitios de comida rápida, como por ejemplo KFC, Taco Bell, Boston Market y también sitios de comida mexicana, china, etc.

Aunque normalmente no suelen estar presentes más de seis ajedrecistas femeninas, los jugadores masculinos no han perdido la esperanza que eso vaya a cambiar algún día. Se dedican a profesiones muy variadas. Aparte de las ya mencionadas, también hay doctores, agentes de bolsa, programadores, funcionarios judiciales, bomberos, profesores (como yo). Todos se enfrentan con todos, sean abogados, obreros o personas que estén en el paro. Otro aspecto de la vida social del parque, por ejemplo, con los recreos con sesiones de comer pizza o algún pastel de cumpleaños de vez en cuando y cosas de ese estilo. Las conversaciones abarcan temas como música, historia, ciencia, política y cualquier tema que pueda estimular las neuronas, desde lo profundo hasta lo ridículo. Casi nunca hay discusiones y es imposible que se rompan las duraderas amistades creadas con el tiempo sobre el tablero y reforzadas por las risas y la confianza.

Cuando empecé a jugar al ajedrez rápido y siendo un novato, pasé un día entero observándolo todo antes de comenzar a jugar. Esperaba poder plantear una fuerte lucha, pero pensaba que luego iba a perder por falta de tiempo. La partida era visible para todos. Incluso los silenciosos, desconocidos jugadores pueden crear cierto interés en los espectadores. Recuerdo como los jugadores regulares, un conglomerado de culturas, me miraron de reojo. "¿Será un estafador?" se preguntarían en sus diversos idiomas. El ambiente suele ser colorado de ligereza, lo cual realza el entusiasmo y la seriedad del juego. Tras haber observado la victoria de un maestro de ajedrez, comenté: "Pues, creo que le podría derrotar". Luego, rompiendo el silencio total que había provocado mi comentario agregué: "Si hace buen día... con sol... y tras haber tomado unas cuantas cervezas".

En general, mis conocimientos del ajedrez relámpago han aumentado bastante durante los últimos meses y ojalá siga así gracias al alto nivel que tiene el ajedrez que se juega aquí. Pero quizá lo más importante es la promesa de los nuevos conocidos y amigos que suelen acudir a este parque. A este respecto, no hay nadie se quede fuera de juego. Dentro de ese pebete neoyorquino, entre las piezas de ajedrez, las agresiones, el afecto, la derrota y la victoria, el pitido y los flashes de los relojes digitales, en medio de los pensamientos y el gol conjunto, las variadas y compartidas experiencias de las personas, razas y culturas simplemente demuestran, qué es lo que puede contribuir cada uno. Y eso en el sentido literario, sea frente al tablero o como persona. Vislumbramos la promesa de la libertad, nos fijamos en quienes somos en el entorno de la comunidad. Y vemos más claro, gracias a los diferentes puntos de vista y porque nos comunicamos entre nosotros. Al final de la partida hay que reconocer: ¡este es un buen lugar para estar!

Traducción: Nadja Woisin


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