El patrón invisible: Los desafíos que enfrentan las niñas en los torneos de ajedrez

por ChessBase
25/02/2026 – Lo que 106.000 jóvenes ajedrecistas revelan sobre las brechas de género en la educación se expone en un amplio estudio sobre los ratings de los jugadores en sus primeros años de desarrollo. Este artículo presenta las conclusiones más importantes que se alcanzaron durante la conferencia «Mindsets Chess in Education», organizada por la National Scholastic Chess Foundation (NSCF) y la Kasparov Chess Foundation. El encuentro se llevó a cabo en la ciudad de Nueva York en diciembre de 2025. Las conclusiones del panel ponen de manifiesto los desafíos que enfrentan las niñas ajedrecistas al enfrentarse a sus primeras competiciones.

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Lo que 106.000 jóvenes ajedrecistas revelan sobre las brechas de género en la educación

Por Robert McLellan, Director de Comunicaciones y Desarrollo de la NSCF

Cuando tu hija entra a su primer torneo de ajedrez, la brecha ya está ahí. No en su capacidad, no en su potencial, sino en su rating: a lo largo de su carrera ajedrecística, quedará por detrás de sus pares varones en un promedio de entre 125 y 150 puntos.

Este hallazgo contundente surge de uno de los estudios más exhaustivos sobre la participación juvenil en el ajedrez, que analizó datos de 106.000 jugadores de entre 3 y 15 años que compitieron en torneos de la Federación de Ajedrez de Estados Unidos entre 2000 y 2019.

La investigación, llevada a cabo por el Dr. Matthew Pepper (Basis Policy Research), la Dra. Michelle Wickman (Universidad de St. Louis) y los Dres. Brian Kisida y Michael Podgursky (Universidad de Missouri), ya superó el proceso de revisión y será publicada en un próximo número del Journal of Sports Economics. Presentado en la conferencia «Mindsets Chess in Education» por los Dres. Pepper, Wickman y Kisida, el estudio ofrece aportes clave para educadores y padres que ven el ajedrez no solo como un juego, sino como una herramienta para desarrollar pensamiento crítico, perseverancia y habilidades académicas.

Lo que hace que esta investigación sea especialmente importante no es solo lo que revela sobre el ajedrez. Es lo que nos dice acerca de cómo incentivamos a los niños a realizar desafíos intelectuales exigentes y de cómo los entornos que creamos pueden fomentar o desalentar que las niñas desarrollen plenamente su potencial.

La brecha aparece de inmediato

El hallazgo más llamativo del estudio cuestiona la suposición habitual de que las brechas de género en actividades competitivas se desarrollan gradualmente con el tiempo. En cambio, los investigadores descubrieron que la brecha en el rating aparece en cuanto los jóvenes jugadores reciben su primer rating oficial, tras apenas 25 partidas.

«¿Cuándo las vemos? Las vemos justo en la partida número 25, cuando reciben un rating por primera vez», explicó el Dr. Pepper. Si bien existe una brecha evidente en el nivel de los grandes maestros, esta investigación «muestra que hay una brecha a lo largo de toda la distribución: en el estudiante promedio y en los recién llegados, desde el primer momento en que los observamos».

Para padres y educadores, esto tiene implicaciones profundas. Sugiere que los factores que generan esta brecha actúan antes incluso de que los niños ingresen al juego competitivo. La brecha no surge porque las niñas sean menos capaces o porque vayan perdiendo terreno con el tiempo: está presente desde el comienzo.

Cuatro hipótesis, cuatro revelaciones

La Dra. Wickman expuso cuatro posibles explicaciones que el equipo de investigación examinó, y cada una reveló aspectos clave sobre cómo se forman las brechas de género en contextos educativos.

El mito de la «teoría numérica»

En primer lugar, analizaron si la brecha podía explicarse simplemente por las tasas de participación. Dado que solo entre el 14% y el 18% de los jóvenes ajedrecistas son mujeres, ¿podría tratarse de un artefacto estadístico? Que más varones participen produce valores extremos en la cima de la distribución.

La respuesta fue un no rotundo. «Ejecutamos numerosas simulaciones de Monte Carlo y hemos concluido de manera bastante definitiva que esta no es la razón», afirmó el Dr. Pepper. «No creemos que se trate de un problema relacionado con la ley de los grandes números».

Este resultado es importante porque desmonta una excusa frecuente para explicar brechas de género en muchos ámbitos, desde las matemáticas hasta la música o el deporte. La baja participación femenina es un problema en sí mismo, pero no explica por qué las niñas que sí participan comienzan con una desventaja y no la pueden superar.

La sorpresa del ritmo de progreso

Algunos teóricos sugirieron que quizá las niñas simplemente no mejoran tan rápido como los niños, una afirmación que respaldaría la preocupante idea de que existen diferencias innatas de capacidad intelectual.

Los datos dieron resultados completamente diferentes. Mediante modelos estadísticos avanzados, los investigadores siguieron a jugadores individuales a lo largo del tiempo y midieron cuánto mejoraba su rating con cada partida. ¿El resultado? Hombres y mujeres mejoran exactamente al mismo ritmo. «Si jugaran lo mismo y practicaran la misma cantidad, no veríamos estas brechas ni estas disparidades».

La cuestión del abandono

Cualquiera que haya dirigido un club escolar de ajedrez ha observado este fenómeno: los clubes de jardín y primer grado suelen mostrar una mezcla bastante equilibrada de niños y niñas, pero hacia quinto o sexto grado, las niñas prácticamente han desaparecido.

La Dra. Wickman describió haber escuchado este patrón de manera reiterada por parte de educadores de ajedrez: «Ves a los chicos jugar cuando son pequeños, en jardín, primero, segundo grado, y todo parece igual. Y de repente llegas a cuarto, quinto o sexto grado. ¿Y dónde están las niñas? Se fueron».

Era razonable pensar que esta mayor tasa de abandono entre las niñas ampliaría la brecha. Si las más talentosas dejaban el ajedrez, eso explicaría por qué las jugadoras restantes quedaban rezagadas.

Sin embargo, una vez más, los datos sorprendieron. Sí, las niñas abandonan más rápido que los niños. Pero ese abandono no parece ampliar la brecha de ratings. «Nos sorprendió un poco», admitió la Dra. Wickman. «Pero fue un hallazgo bastante interesante».

La implicación es contundente: el problema del abandono es real y significativo, pero la brecha de rendimiento existe independientemente de él. Incluso las niñas que continúan vinculadas al ajedrez enfrentan la misma desventaja en el rating que aquellas que eventualmente lo dejan.

El efecto del entorno

La cuarta hipótesis resultó ser la más reveladora y la más accionable para padres y educadores. Los investigadores analizaron si el entorno local tenía un impacto: en particular, si contar con más jugadoras mujeres en una zona determinada influía en el rendimiento.

La respuesta fue afirmativa. «Las jugadoras rinden mejor cuando hay más mujeres en su área», señaló la Dra. Wickman. Las ajedrecistas que compiten en comunidades con mayores porcentajes de participación femenina alcanzan ratings más altos que aquellas que lo hacen en entornos dominados por varones.

Este hallazgo coincide con décadas de investigación educativa que muestran que la representación importa. Cuando las niñas ven a otras niñas involucradas en una actividad —ya sea ajedrez, informática o matemáticas competitivas—, es más probable que perseveren y destaquen. La presencia de pares femeninas no solo aporta modelos a seguir, también transforma la cultura y las expectativas de la actividad.

El desafío de la cantera

Algunos han intentado usar la brecha de género en el ajedrez para argumentar diferencias intelectuales innatas entre hombres y mujeres. El Dr. Kisida es categórico en su respuesta: «No hay nada en esta investigación que respalde esa afirmación». Lo que los datos muestran es un problema de cantera: las niñas ingresan al ajedrez competitivo ya en desventaja, moldeadas por la socialización y el entorno mucho antes de su primera partida con rating. La solución, sostienen los investigadores, pasa por corregir esa cantera desde el inicio.

Cada educador, padre y organización ajedrecística que prioriza la participación femenina contribuye activamente a construir el acceso, el entorno y la cultura que las niñas necesitan para prosperar. La investigación es inequívoca: la brecha en los ratings juveniles de ajedrez no tiene nada que ver con la capacidad intelectual de las niñas y todo que ver con las oportunidades que creamos para ellas.


La presentación completa (en inglés)


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