la arena de Linares

Circo romano, de carpa o virtual. Linares, el Wimbledon del ajedrez, tiene
algo de los tres: gladiadores que luchan a muerte, artistas, fieras y una multitud
de seguidores por Internet. Gari Kaspárov, El Ogro de Bakú, quiere
humillar otra vez desde mañana a cuatro de sus grandes presas: Viswanathan
Anand, Michael Adams, Vasili Ivanchuk, y Alexéi Shírov (España);
y especialmente al nuevo campeón del mundo oficial, Ruslan Ponomáriov,
de 18 años. Además, debuta un español con mucho talento:
Francisco Vallejo, campeón del mundo sub 18 en 2000.
Francisco Vallejo
No es necesario que hablen las paredes del hotel Aníbal -llenas de fotos
de ajedrecistas insignes que han dejado muchas neuronas desde 1978 en esta ciudad
de la provincia de Jaén- para comprender que estamos en un lugar sagrado.
Los empleados miman a las cinco grandes estrellas, que ya casi son de la familia:
el agresivo Kaspárov, el vegetariano Anand, el tranquilo Adams, el nervioso
Ivanchuk y el genio imprevisible Shírov apenas pisarán la calle,
excepto para rápidos paseos, porque esas paredes son la sede de su gran
cita anual con Caissa, la diosa del ajedrez. Los jóvenes Ponomáriov
y Vallejo serán pronto contagiados por el ambiente especial del torneo.


El Hotel Anibal
El hotel y el escenario están unidos por un pasillo interior que Kaspárov
recorrerá cada día (excepto el 27 y el 5, jornadas de descanso)
durante dos semanas con sus andares de fiera para transfigurarse de monje a
gladiador. En Linares, donde ha viajado en compañía de su madre,
Clara Kaspárova, y su entrenador, Yuri Dojoián, su estado más
habitual es el enfado: la ira le resulta imprescindible para demostrar un año
tras otro -tiene 38 y fue el campeón más joven a los 22- que es
el 'número uno', el que mejor se prepara y el que más lucha. Y
necesita ser el mejor porque le educaron para ello, y no para otra cosa; es
un auténtico animal de la competición.
Clara Kasparova y Dojoian
Como siempre, Clara Kaspárova bajará con antelación al
restaurante para pedir la comida de su hijo. Hace tres años que su hijo
cambió la dieta. Ahora, una comida normal para él consta de una
ensalada de tomate, pimientos, cebolla y queso, seguida de pescado a la plancha.
Hasta 1999 engullía salmón y solomillo media hora antes de las
partidas: "Hago la digestión durante la apertura, que no necesita
mucha concentración, y quemo la energía acumulada en la comida
durante el medio juego, cuando más falta me hace", explicaba entonces.
Ahora sólo come carne por la noche.
Como casi siempre, Kaspárov ocupa la 'suite' 103, y le ha dado una copia
de la llave a su madre, que está en la habitación de al lado,
en previsión de cualquier emergencia. Anand y su esposa, Aruna, ocupan
otra 'suite', la 135, cuya pared es contigua a la de Kaspárov. Por tanto,
el indio deberá hablar en voz baja cuando analice con su entrenador,
el georgiano Elizbar Ubilava, al igual que Kaspárov con Dojoián.
Hace muchos años, cuando la rivalidad entre Kaspárov y Kárpov
estaba en su apogeo, era éste quien ocupaba la 135, lo que contribuía
a la tensión de la guerra psicológica entre ambos.
Precisamente el primer duelo por el Campeonato del Mundo entre Kaspárov
y Kárpov causó, de manera indirecta, un episodio inolvidable.
Corría el mes de febrero de 1985. El filipino Florencio Campomanes, entonces
presidente de la FIDE, acababa de provocar uno de los mayores escándalos
de la historia del ajedrez al cancelar ese duelo sin vencedor tras cinco meses
de lucha, bajo fuertes presiones del Kremlin. Kárpov ganaba por 5-3 (se
jugaba a seis victorias) pero había perdido las dos últimas partidas,
47ª y 48ª. Las fotos publicadas por las agencias indicaban que Kárpov
sufría un agotamiento extremo. De hecho, la Federación Soviética,
tras llevarle a Austria para una cura de reposo, comunicó al organizador
de Linares, Luis Rentero, que el entonces campeón del mundo no estaba
en condiciones de jugar el torneo, y que enviaba en su lugar al gran maestro
Ígor Makárischev.
Florencio Campomanes
Campomanes, cuya decisión había merecido un editorial del 'New
York Times', y Rentero compartían una filosofía común:
el fin justifica los medios. Como Linares no había logrado aún
el gran prestigio que tiene ahora, Rentero vio el cielo abierto para que su
torneo produjera una noticia de gran impacto, y actuó como si no hubiera
recibido el aviso de la Federación Soviética. El día previsto
para la inauguración, a las 19.00 horas, el Ayuntamiento de Linares estaba
abarrotado de autoridades, periodistas, cámaras, cables y micrófonos:
todos esperaban a Kárpov, pero quien apareció fue Makárischev.
Con la arrogancia de un torero, Rentero se dirigió a los periodistas:
"La Federación Soviética no se va a reír del pueblo
de Linares. Nosotros invitamos a Kárpov. Por tanto, Makárischev
volverá a Moscú en el primer avión".
Luis Rentero e hijo
Hoy, los escándalos no son necesarios para la brillantez del torneo.
Desde que sufrió un gravísimo accidente de coche, Rentero no tiene
la salud necesaria para organizarlo. Pero se mantiene el alto nivel de combatividad
que él estimuló con multas a quienes firmaban tablas rápidas
y 'listas negras' a los reincidentes, que nunca más eran invitados. Es
probable que mañana, durante la primera ronda, Rentero aparezca en la
sala de prensa y diga algo parecido a lo que dice todos los años: "En
este circo los gladiadores se matan de verdad. Hay sangre en casi todas las
partidas. Esto es un verdadero torneo de ajedrez".
LEONTXO GARCÍA