Para ganar, primero debes aprender
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El ajedrez es un deporte de carácter estratégico y de dinámica compleja; demanda de parte de sus cultores la presencia de habilidades como la atención, la memoria y la planificación, como bases indispensables para la resolución de problemas y toma de decisiones. Esta es una de las más importantes diferencias con la mayoría de los deportes; en particular, en aquellos que enfatizan la fuerza, la potencia o la velocidad.
Ahora sabemos que es necesario conocer el cerebro para poder entenderlo y diseñar estrategias para poder mejorar nuestra conducta y, así, contribuir con la solución de los problemas en materia de políticas públicas relacionadas con los problemas psicológicos.
Con base en el estado actual de la investigación, estimo que el ajedrez en tanto campo de estudio, está más cerca de las neuro-ciencias que de la matemática. Efectivamente, los avances alcanzados en las últimas cinco décadas en relación con el estudio del cerebro, nos llevan a considerar la importancia de la conexión cerebro - ajedrez – aprendizaje para aplicaciones en la educación, la medicina, etc.
De hecho, la neurociencia y su tecnología de punta han sido cruciales para alcanzar una mejor comprensión de la arquitectura y funcionamiento del cerebro.
La importancia de la neurociencia (escrito en singular o plural), radica en que ahora y gracias a escáneres de alta resolución se han podido revelar secretos del cerebro que hacen que lo que un día fue parte de la ciencia ficción; hoy lo es de la ciencia formal.
También debemos tener en cuenta que, junto a otras disciplinas afines, las neurociencias se encargan no sólo de lo referente a la patología a estudiar sino también del desarrollo de fármacos orientados al tratamiento de algunas patologías relacionadas con la psiquis humana.
Expertos como el doctor Stuart Margulies (1991), desarrolló una investigación con niños cursantes de 53 colegios de educación primaria de la ciudad de Nueva York. Los resultados indicaron que aquellos niños que participaron en el programa de ajedrez durante dos años. Incrementaron su habilidad lectora en relación con la población control que no recibió el tratamiento. Inclusive, por encima de la media nacional.
Igualmente, el doctor Pablo Eguia del Río, miembro de la Sociedad Española de Neurología, opina que “El ajedrez sin duda es una actividad beneficiosa para el cerebro”.
Este destacado neurólogo enumera algunas de estas capacidades del juego:
Todos estos elementos contribuyen a un buen ejercicio cerebral. Nos activan la memoria, mejoran la concentración, la creatividad y la resolución de problemas.
Marín Bellón (2014), nos habla del libro “Somos nuestro cerebro” escrito por el neurólogo holandés Dick Swaab, catedrático emérito de la Universidad de Ámsterdam. Según este autor, “lo mejor para el cerebro es jugar al ajedrez”.
Otros investigadores como Ortiz-Pulido R, Ortiz-Pulido R, García-Hernández LI, et al. (2019), han conseguido resultados que sugieren la evidencia neurocientífica apoya que el ajedrez mejora el rendimiento académico en la escuela. Mediante el resumen de su trabajo nos afirman:
“En este trabajo se reportan los beneficios cognitivos que produce la práctica del ajedrez en niños en edad escolar. Las áreas más beneficiadas parecen ser las matemáticas y la lectura. Para validar lo anterior se describen diversos trabajos científicos que muestran la activación cerebral a través de imágenes de resonancia magnética cuando los jugadores de ajedrez novatos, intermedios o avanzados practican este juego. Con base en ello se sugiere usar el ajedrez como una herramienta que permita la mejora del rendimiento escolar en niños y niñas. Se concluye además que a partir de la utilización de este juego se pueden generar líneas de investigación que busquen validar mecanismos neurales que ocurren cuando niños y niñas juegan ajedrez”
Aprende y entrena ajedrez. El clásico entre los programas de enseñanza de ajedrez para niños. Pensamiento estratégico, gimnasia para el cerebro, emoción por la competición, jugar y pasarlo bien con una enorme ración de conocimientos ajedrecísticos. Esta extraordinaria y galardonada aventura de ajedrez incluye todo eso y mucho más.
Por otra parte, al hablar de habilidades cognitivas, nos estamos refiriendo a todas aquellas aptitudes basadas en el cerebro que son necesarias para la adquisición de conocimiento, manipulación de la información, y razonamiento.
Las mismas, están asociadas con los mecanismos de cómo las personas aprenden, recuerdan, resuelven problemas y prestan atención. De tal manera que dichas habilidades alcanzan los dominios de percepción, atención, memoria, aprendizaje, toma de decisiones y habilidades del lenguaje.
Es por ello, que desde las neurociencias se ha generado una serie de teorías relativas al funcionamiento de la mente humana. Algunas de ellas exploran el lenguaje y el procesamiento visual; otras, acciones relacionadas con las funciones ejecutivas.
Así mismo y siendo la mente y la cognición el objeto de estudio de las ciencias cognitivas, entonces las llamadas habilidades de la mente (psicológicas y cognitivas), las variables que han sido identificadas en relación con el desempeño ajedrecista. Sala y Gobet (2016), afirman que “de hecho, el estudio de la memoria y percepción de los ajedrecistas ha contribuido significativamente a nuestra comprensión de la experiencia en muchos otros campos, como la música y la programación de ordenadores”.
Esto implica, además, que una actividad como la práctica sistemática del ajedrez, estimula la cognición. En este contexto, la cognición representa la habilidad que permite desarrollar conocimientos, ya que se trata de la destreza del cerebro para asimilar y procesar datos, valorando y sistematizando la información a la que se accede a partir de la experiencia, la percepción u otras vías.
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