Anand se sincera

por Leontxo García
22/12/2013 – Es uno de los caballeros del tablero y lo ha demostrado también en la derrota. Vishy habló con Leontxo García 15 horas después de perder el título. Con el corazón en la mano, cuenta lo que le ocurrió en la 9ª partida, el problema de juego que sufrió en los seis torneos de 2013, la gran fuerza de Carlsen y los valores que aportan tanto él mismo como su sucesor. La exclusiva es de Peón de Rey. Un anticipo...

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Entrevista con Viswanathan Anand

 "La quinta partida me machacó"

Quince horas después de perder el título mundial, Anand juguetea con su hijo, Akhil, y su esposa, Aruna, en una suite del hotel Hyatt Regency, el escenario del drama. Tiene ganas de hablar, de sincerarse, de echar fuera la frustración acumulada durante un año lleno de errores en la cuarta o quinta hora de juego, cuya razón desconoce. Se emplea a fondo en todas las respuestas, excepto en la última, porque se lo impide la rabia acumulada tras varios roces con Gari Kaspárov. La entrevista es en exclusiva para Peón de Rey, que la ofrecerá en su número 108, en enero de 2014.

Pregunta: ¿Hubo en este duelo alguna noche tan terrible como la que sufrió el año pasado tras perder la séptima partida frente a Guélfand?

Respuesta: Sí, después de la quinta. Pero no sólo por la derrota, ya muy dolorosa en sí misma, sino, sobre todo, porque toda la estrategia que preparé para el duelo había fracasado en esa partida. A pesar de ello, no fue tan dolorosa como la séptima con Guélfand porque esta vez pude dormir un poquito, a ratos; en Moscú, cuando me levanté sin haber dormido, estaba agotado; aquí, muy cansado, aunque mis ojos en el espejo me decían lo poco que había dormido.

P. En algún momento de aquella noche en Moscú, según me contó después del duelo, usted se dijo: “Aún tengo una oportunidad, y voy a aprovecharla”. Y ganó la octava al día siguiente. Deduzco que aquí no le ocurrió eso.

R. En Moscú teníamos una esperanza, una baza secreta todavía sin jugar, una variante de la Defensa Gruenfeld. Aquí no teníamos nada de eso. Además, ya es hora de que reconozca que en la octava de Moscú tuve mucha suerte. De cien partidas que juegue Guélfand, sólo en una permitirá que le encierren la dama, y ocurrió precisamente ese día; si eso no hubiera ocurrido, quién sabe cómo habría acabado aquel duelo. Volviendo a éste contra Carlsen, el objetivo principal de mi preparación fue dar la máxima importancia a la ejecución, no al planteamiento; es decir, que importaba poco lograr una posición ventajosa en el medio juego si después era incapaz de ejecutar bien esa ventaja. Ese enfoque estaba motivado por los abundantes errores que había cometido a lo largo del año, en varios torneos, en posiciones donde aparentemente no había nada, y se podía firmar el empate. Estaba claro que la confianza en mí mismo había sufrido mucho el último año. Pero yo no quería tener una confianza falsa, basada sólo en la motivación y la preparación psicológica; necesitaba demostrarme en partidas reales que era capaz de corregir ese error recurrente, y de fortalecerme en todo lo referente a partidas largas y finales equilibrados. Hice muchos ejercicios de concentración, y también mucho ejercicio físico…

P. Tengo entendido que perdió 6 kilos en los meses previos…

R. Sí, y cuatro más durante en duelo, diez en total. La idea era ir entrando en el duelo poco a poco, aumentando mi confianza a medida que fueran pasando las partidas. De hecho, la tercera y la cuarta contribuyeron a que me empezara a sentirme bien. A pesar de que en la cuarta fui un poco imbécil al permitir que llegásemos a una posición peligrosa, salvarla me dio mucha confianza. Esa noche pensé que las cosas iban más o menos bien, y me sentí capaz de luchar con Carlsen. Este punto es importante porque Magnus es un jugador especial, de estilo bastante raro: es capaz de jugar durante horas en posiciones donde no hay nada importante, y siempre está alerta para castigar muy duramente cualquier error que cometas. Además, sus errores suelen ocurrir en pequeños detalle; casi nunca se equivoca en algo grave. Por eso estaba yo tan mentalizado para no cometer ese tipo de errores; de qué sirve tener una buena posición si luego no la juegas bien. En ese contexto, tuve la sensación de estar perdiendo la quinta partida cuatro o cinco veces. Un par de ellas en la apertura, y poco a poco algunas más después. Y todo ello tras un día de descanso; aún no sé por qué me sucedió esto. Esa noche pensé: he jodido en una sola partida todo lo que pretendía hacer en este duelo. Para colmo, el final después de la jugada 40 es tablas. Pensé 20 minutos, y no logré encontrar el camino a la posición Vancura (similar a ésta: blancas, a6, Ta8, Rc4; negras, Rg7, Tf6); en vez de 51 ..Re6, que pierde, Te2 es tablas; lo vi por la noche, mientras dormía. Era muy irónico: la posición Vancura, que me salvó contra Guélfand en el desempate cuando en realidad no existía, no me salvó esta vez, cuando sí estaba ahí; es decir, encontré una Vancura donde no existía, y ahora que sí estaba no la vi. Por supuesto, me dije: olvídalo, y sigue luchando; era muy consciente de lo perjudicial que resultaba dar vueltas a mis errores en la quinta; pero no logré superarlo, ya no pude recuperarme. Esa partida me hundió.

Extracto reproducido con el amable permiso de Leonxto García y Peón de Rey

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Es periodista deportivo, especializado en ajedrez, de cuyas virtudes es gran comunicador y difusor.
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