El broche de oro de Capablanca en la Olimpiada de Buenos Aires

por Johannes Fischer
02/11/2026 – Las Olimpiadas de Ajedrez dan lugar a historias extraordinarias. La Olimpiada de Ajedrez de 1939, celebrada en Buenos Aires, fue especialmente dramática, pues Alemania invadió Polonia el 1 de septiembre de 1939, cuando el torneo aún estaba en marcha, lo que marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. En este contexto, es fácil pasar por alto que José Raúl Capablanca, campeón del mundo entre 1921 y 1927, disputó en Buenos Aires su último torneo y su última partida de competición.

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En Europa, Alemania y Polonia estaban en guerra; en Buenos Aires, luchaban por las medallas sobre el tablero de ajedrez. Al final, Alemania terminó medio punto por delante de Polonia y conquistó el oro por equipos en una Olimpiada de Ajedrez por primera y, hasta ahora, única vez. Pero el estallido de la guerra también afectó al desarrollo de la Olimpiada.

Seis encuentros por equipos no se disputaron y se registraron automáticamente como empates 2-2, incluido el enfrentamiento entre Alemania y Polonia. El equipo inglés, que se había clasificado para la fase final, abandonó el torneo antes de tiempo. Tres de sus integrantes —Conel Hugh O'Donel Alexander, Stuart Milner-Barry y Harry Golombek— trabajaron posteriormente en Bletchley Park y contribuyeron a descifrar mensajes codificados enviados por las fuerzas armadas alemanas.

Pero muchos participantes no regresaron a Europa. Los cinco integrantes del equipo alemán —Erich Eliskases, Paul Michel, Ludwig Engels, Albert Becker y Heinrich Reinhardt— permanecieron en Sudamérica, mientras que el equipo polaco también se dispersó. Miguel Najdorf y Paulino Frydman se quedaron en Argentina, y Franciszek Sulik se trasladó posteriormente a Australia. En cambio, Savielly Tartakower, quien llevaba años viviendo en Francia pero representaba a Polonia, regresó a Europa y se incorporó a las fuerzas de la Francia Libre durante la guerra.

Cartel de la Olimpiada de Buenos Aires | Fuente: FIDE

Para Capablanca, el estallido de la Segunda Guerra Mundial desvaneció las esperanzas de disputar un segundo match por el Campeonato del Mundo contra Alexander Alekhine, quien había acudido a la Olimpiada como vigente campeón mundial. Desde su sorprendente derrota frente a Alekhine en el match por el Campeonato del Mundo de 1927, Capablanca había buscado una revancha. Sin éxito, ya que Alekhine siempre encontraba nuevos motivos para evitar el enfrentamiento. En su lugar, defendió su título contra Efim Bogoljubow en 1929 y 1934. En 1935 perdió inesperadamente frente a Max Euwe, quien se convirtió así en el nuevo campeón del mundo. Sin embargo, Euwe concedió a Alekhine la oportunidad de disputar un match de revancha, y este la aprovechó. Ganó el encuentro de 1937 y recuperó su título.

Alekhine también evitaba a Capablanca en los torneos. Después de su match por el Campeonato del Mundo de 1927, se aseguró de no participar en las mismas competiciones que el cubano. No fue hasta 1936, nueve años después de aquel match, cuando volvieron a enfrentarse en el torneo de Nottingham. Capablanca ganó. Posteriormente disputaron otras dos partidas en el torneo AVRO de 1938, celebrado en los Países Bajos. La primera terminó en tablas, mientras que Alekhine ganó la segunda. Fue su último enfrentamiento en un torneo.

Alekhine (izquierda) y Capablanca durante su match por el Campeonato del Mundo de 1927 en Buenos Aires

Sin embargo, en Buenos Aires, en 1939, fue Capablanca quien evitó el enfrentamiento directo. Capablanca jugaba en el primer tablero de Cuba y Alekhine en el de Francia. El 14 de septiembre, en la duodécima ronda de la fase final, ambos podrían haberse enfrentado. Pero Capablanca no jugó, pues Alberto López Arce ocupó el primer tablero de Cuba frente a Alekhine y perdió en 25 jugadas. El encuentro por equipos terminó 2-2.

Al día siguiente, Capablanca explicó en el periódico argentino Crítica que su decisión se debía exclusivamente a motivos personales. Una semana antes ya había informado a la Federación Argentina de Ajedrez de que no jugaría contra Alekhine. La Olimpiada era una competición por equipos, no un torneo individual, y ni Cuba ni Francia luchaban por la victoria en la clasificación general.

No obstante, Capablanca y Alekhine continuaron las negociaciones para disputar un match de revancha durante la Olimpiada. El 16 de septiembre, Capablanca reiteró en una carta a Augusto de Muro, presidente de la Federación Argentina de Ajedrez, que estaba dispuesto a jugar por el Campeonato del Mundo: «Estoy listo para jugar tan pronto como se pueda organizar el match». Alekhine respondió con evasivas y, en su contestación del 18 de septiembre, señaló que, como oficial de reserva del ejército francés, podría ser llamado a filas para desempeñar labores de interpretación (véase Edward Winter, Chess Notes n.º 4696, «Capablanca y Alekhine en Buenos Aires, 1939»).

Finalmente, nunca se disputó el match de revancha. Sin embargo, la Olimpiada proporcionó a Capablanca un último éxito deportivo y una victoria simbólica sobre su gran rival. Capablanca terminó invicto en Buenos Aires, con 11½ puntos en 16 partidas (+7, =9, −0). Alekhine consiguió 12½ puntos en 16 partidas (+9, =7, −0), uno más que el cubano. Sin embargo, como en aquella Olimpiada solo se tenían en cuenta los resultados de la fase final para otorgar las medallas individuales, el oro a la mejor actuación en el primer tablero fue para Capablanca. El cubano sumó 8½/11 en la fase final, mientras que Alekhine tuvo que conformarse con la plata, con 7½/10.

Este éxito terminó siendo la gran despedida con broche de oro para Capablanca. Después de la Olimpiada no volvió a disputar torneos, sino únicamente exhibiciones de simultáneas y partidas informales. El 7 de marzo de 1942, el cubano, de 53 años, que sufría hipertensión arterial desde hacía años, sufrió un derrame cerebral mientras visitaba el Manhattan Chess Club de Nueva York. Falleció a la mañana siguiente en el hospital Mount Sinai.

La última partida competitiva de la vida de Capablanca se disputó en la Olimpiada de Buenos Aires contra el brasileño Octávio Trompowsky, cuyo apellido da nombre a la variante Trompowsky 1.d4 Cf6 2.Ag5!?. Capablanca ganó la partida de la misma manera en que había ganado innumerables encuentros a lo largo de su carrera: evitó las discusiones teóricas en la apertura, se mantuvo alejado de las complicaciones tácticas que incluso podrían haberle favorecido y, en su lugar, superó a su rival en el medio juego mediante recursos aparentemente sencillos. Así llegó a un final favorable, el cual convirtió en victoria sin dificultades.

El equipo brasileño | Fuente: https://www.ara.org.ar/chs/ajedrez/perlas/buenosaires1939.html


El ajedrecista cubano marcó un hito en su época y en todas, en una época en la que el ajedrez romántico daba sus últimos estertores, pasando al ajedrez psicológico y empezando a vislumbrarse el ajedrez científico. Para aprender, entender y apreciar.



Johannes Fischer, editor jefe de la web con noticias en inglés de ChessBase.
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