Muestra sobre ajedrez, historia y cultura en Buenos Aires

por Sergio E. Negri y Juan S. Morgado
06/12/2017 – Buenos Aires siempre ha sido un lugar propicio para el ajedrez. Allí se hicieron dos olimpiadas; allí se cultivó una cohorte de jugadores que en el entorno temporal próximo a los años 50, de la mano de Miguel Najdorf, Julio Bolbochán, Oscar Panno, Carlos Guimard, Erich Eliskases, Héctor Rossetto, Herman Pilnik y Raúl Sanguineti, catapultó a la Argentina a la élite mundial; allí se forjaron siempre exponentes que brillarían por su talento; allí se ubican lugares emblemáticos en donde se facilitó su práctica, particularmente desde la fundación en 1905 del Club Argentino de Ajedrez, una de la más señeras de entre todas las entidades sudamericanas especializadas; allí se concretaron recordados matches por la corona mundial o en el tránsito a ella. | Fotos: Juan S. Morgado y Sergio E. Negri

Mega Database 2017 Mega Database 2017

Más de 6,8 millones de partidas disputadas entre 1560 y 2016.Indices de clasificación de partidas de ChessBase, con más de 100.000 posiciones clave. 70.000 partidas comentadas. Nueva enciclopedia de jugadores. Actualizaciones por Internet.

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Y es allí mismo, a noventa años de que el país austral debutara en la competencia olímpica (única nación extra europea en ser de la partida en ese entonces) y del momento en que la pujante urbe fuera anfitriona del inolvidable encuentro ecuménico entre José Raúl Capablanca y Alexandre Alekhine, que en la Biblioteca Nacional Mariano Moreno se está presentando, desde el 30 de setiembre y hasta el 22 de diciembre de 2017, una muestra alegórica del vínculo del ajedrez con la cultura.

Bajo la denominación “Movimientos en blanco y negro” (Historia, literatura y arte en el ajedrez argentino), en el Museo del libro y de la lengua de esa institución, se hace una exposición acerca de “la historia del ajedrez en nuestro país, junto a sus transformaciones y derivas culturales”, en la que se exhiben “objetos, obras de arte y piezas de colección que reflejan el recorrido que esta disciplina tuvo y tiene en Argentina”.

Imagen del afiche de la muestra | Foto: Juan S. Morgado

Imagen del afiche de la muestra | Foto: Juan S. Morgado

En efecto, en ese marco se ponen a consideración de los espectadores libros de texto, muchos de ellos en primeras ediciones, como testimonio del intenso y extenso tratamiento que tuvo el ajedrez, ya no sólo en la literatura especializada sino, y ello puede bajo cierto punto de vista considerarse más interesante, por el abordaje que hicieron sobre la cuestión notables escritores del país.

Se pone el acento, y ello constituye todo un acto de reconocimiento, en cuatro figuras que son idiosincrásicas en cuanto a la relación del ajedrez con la literatura: Jorge Luis Borges, Ezequiel Martínez Estrada, Rodolfo Walsh y Abelardo Castillo.

Pero desde luego, la exposición no sólo alude a ellos, habida cuenta de la íntima relación que siempre tuvieron los mundos escaqueados y de las letras desde los propios albores de la constitución de la Nación, allá por mediados del siglo XIX, en una senda que de alguna manera iniciaron Domingo Faustino Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y Bartolomé Mitre (tres personalidades que a su vez fueron connotados hombres de Estado), de la que luego serían pioneros en el terreno de ficción Roberto Payró, Leopoldo Lugones y Roberto Arlt, y en la que abrevarían tantas notables plumas, incluyendo a Julio Cortázar y Ricardo Piglia, por dar sólo otros dos nombres egregios y muy pertinentes.

Objetos de altísimo valor se exponen, por ejemplo la planilla original de una partida disputada por el influyente artista Marcel Duchamp (habría que recordar que el francés vivió en Buenos Aires donde no dejó de cultivar su pasión ajedrecística). En ese aspecto el punto más alto lo constituye, sin dudas, la exhibición de una obra plástica del talentoso y siempre polémico León Ferrari, consistente en un tablero con sus piezas en el que se presenta una lucha desigual, viéndose a un solitario representante de uno de los bandos acuciado por una compacta fuerza contraria provista de peones que son reemplazados por poderoso e inquietante armamento. Los adversarios son representantes icónicos de distintas religiones, un tema recurrente dentro de las obsesiones de ese artista. El ajedrez, entonces, una vez más se convierte en un instrumento poderoso y eficiente en el campo expresivo.

Imagen de una obra de León Ferrari | Foto: Juan S. Morgado

Imagen de una obra de León Ferrari | Foto: Juan S. Morgado

En la muestra también se presentan evidencias de la difusión que el juego tuvo en diarios y revistas, pudiéndose en ese sentido destacar especialmente la presentación de caricaturas en original de notables humoristas, como son los casos de Quino, Roberto Fontanarrosa y Hermenegildo Sábat.

Se incluye, asimismo, un apartado con otras expresiones gráficas sobre el ajedrez, en este caso poniendo el foco en el tratamiento obtenido desde una mirada estrictamente deportiva. Algunas tapas de populares revistas expuestas, en las que aparecen ajedrecistas que evidentemente tenían un marcado grado de popularidad en su tiempo, más allá de lo que sucedía en el específico ambiente blanquinegro, son fiel testimonio del impacto que el juego supo otrora tener en la sociedad local.

A propósito de la perspectiva competitiva, se presenta una sección en la que figuran buena parte de los jugadores más destacados del medio local y de los principales acontecimientos que se memoran.

En este orden aparecen diversos registros: de matches vía telégrafo de comienzos del siglo XX (compitieron entidades de Buenos Aires y Río de Janeiro); del Torneo de las Naciones de 1939 (decisivo para un medio local que se verá enriquecido por la permanencia en el país de grandes jugadores que terminaron por decidir no regresar a una Europa en llamas); del desafío entre una por entonces orgullosa Argentina que se atrevió en 1954 a confrontar con el imbatible equipo de la URSS; del enfrentamiento entre Bobby Fischer y Tigrán Petrosián  en 1971 en el contexto geopolítico de la guerra fría (de gran repercusión en el país y en el exterior); de la lucha de los excompatriotas Víktor Korchnói y Lev Polugayevski por los cuartos de final por el título del orbe de 1980; por fin, de una Olimpíada realizada en Buenos Aires en 1978, ominosos tiempos en plena vigencia de una dictadura militar en el país.

Imagen correspondiente al Torneo de las Naciones de Buenos Aires (1939) | Foto: Juan S. Morgado

Imagen correspondiente al Torneo de las Naciones de Buenos Aires (1939) | Foto: Juan S. Morgado

Desde una perspectiva que intenta aparecer como algo más federal (el impacto del ajedrez no se ha circunscripto históricamente a la ciudad de Buenos Aires, baste recordarse los relevantes torneos internacionales que se realizaron en la ciudad de Mar del Plata, fundamentalmente a mediados del siglo XX), también se exhibe algún material incidental de la prueba mundial que en 2006 se disputó en la ciudad de Potrero de los Funes, provincia de San Luis, en el que el búlgaro Veselin Topalov se consagró campeón mundial de la FIDE.

Visual y emocionalmente, una vez que se culmina con la recorrida de la muestra, se puede llegar a comprender cómo evolucionó la difusión del juego en el país, advirtiéndose su paso desde los ámbitos privados en los que originalmente se lo practicaba, a su progresiva presencia en los  primeros cafés y clubes, en un proceso que se dio en la joven nación desde mediados del siglo XIX a los comienzos de la centuria siguiente.

Además de la exhibición de objetos en sí, se programaron algunas charlas vinculadas al papel que desempeñó el ajedrez en la literatura argentina y a los logros que se tuvieron en el terreno deportivo, y otra muy especial en la que se produjo la reunión de todos los excampeones mundiales individuales que diera el país, comenzando por el mítico Oscar Panno, y siguiendo con Carlos Bielicki, Marcelo Tempone, Pablo Zarnicki y Alan Pichot.

En este contexto, se verificó una armoniosa transmisión de las experiencias de esos talentos intergeneracionales que supo dar la Argentina. Para nosotros, que en su oportunidad fuimos convocados por la Biblioteca Nacional como investigadores, y que por ende terminamos por oficiar de asesores ad-honorem de la Muestra en su fase inicial, resultó un íntimo orgullo personal que esa idea, la de reunir en un mismo acto a esos altos exponentes del ajedrez vernáculo, tuviera en definitiva lugar. Creemos que ese encuentro será rememorado como un acontecimiento de tono histórico para el ajedrez nacional. Tarea cumplida.

Un punto especial a destacar lo constituye el precioso catálogo de la muestra, al que se puede acceder en "Movimientos en blanco y negro", en el cual, tras una presentación que realiza el Director del Organismo, el prestigioso escritor Alberto Manguel, se pueden apreciar aportes de distintas plumas, entre las que se destacan las de Marín Kohan, Guillermo Martínez y Sylvia Iparraguirre. Esta última, compañera de vida del notable Abelardo Castillo, traza una sentida semblanza del estrecho vínculo del juego con este escritor, recientemente fallecido y por siempre recordado, bajo el sugestivo y poderoso título “El aliado fiel”.

En él se incluyen textos de nuestra autoría: “Comunión del ajedrez con la cultura argentina” (Negri); “Nuestros hombres de Estado y el ajedrez” (Morgado) y “Ajedrez a pie de imprenta” (Negri & Morgado) en los que respectivamente se procura registrar puntos altos del vínculo del juego con las diversas expresiones culturales; su notable grado de inserción en el contexto de los diversos marcos políticos, y se practica un relevamiento de la evolución que ha tenido en el país la literatura especializada en sus distintas expresiones.

Más allá de los logros, no podemos dejar de mencionar que desde la curaduría, pese a ser debidamente anoticiada de ello, se persistió en un  lamentable error al aludirse a “un cuadro del extraordinario pintor Antonio Berni”. La persona retratada no es “el ajedrecista Roberto Grau”, como se indica, sino que la imagen corresponde a Jacinto Grau Delgado (1877-1958), nomenclador “Jacinto Grau, Lápiz sobre papel, año 1953; 75,5x 56 cm.”, un mero homónimo de quien es considerado “padre del ajedrez argentino”. 

Aún entendiendo que toda muestra por definición no puede abarcarlo todo, algunas ausencias a la hora de la exhibición son de lamentar. Por caso, en materia de artes visuales, que no se hubiera contemplado al eximio pintor ítalo-argentino Vito Campanella,  quien le dedicó una serie de significativos cuadros al ajedrez; la del metafísico Xul Solar, creador de un original y esotérico “pan-ajedrez”; la reproducción de los mediometrajes que produjo la Televisión Pública sobre cuentos de Walsh y el del cineasta Juan José Jusid sobre el relato de Castillo titulado “La cuestión de la dama en el Max Lange”; la exhibición de los videos de Alberto Freinquel sobre Martínez Estrada y de las conversaciones sostenidas por el reconocido periodista Claudio Federovsky con diversas personalidades públicas que tuvieron como eje al ajedrez. Se perdió en este caso la oportunidad. Otra vez será.

Con todo, es de celebrar, y mucho, que Buenos Aires una vez más se destaque en el escenario regional, y seguramente mundial, al concretarse una muestra en la que se contemplan contenidos tan caros al sentir de quienes amamos al ajedrez, la cultura y la historia. Ello no es habitual. Y es inédito, al menos en una urbe que siempre se evidencia vibrante.

En ella el ajedrez siempre dijo presente, bajo el aprecio no sólo de sus aficionados, sino también de la sociedad en su conjunto. Que  connotadas personalidades del país en todos los tiempos, provenientes de los ámbitos político, deportivo, artístico y literario hubieran reparado en el milenario juego, puede ser visto más como consecuencia que en cuanto causa de un fenómeno cultural que iba ensanchando inexorable y crecientemente su propio camino.

En este contexto, es de valorar que las autoridades de la Biblioteca Nacional de la República Argentina también supieran poner su mirada en este particular mundo escaqueado, el que siempre ha tenido mucho que decir, en todas las geografías, en todos los momentos, como indisoluble parte de la cultura y la historia de los pueblos.

Texto: Sergio E. Negri y Juan S. Morgado
Imágenes: cortesía de Sergio E. Negri y Juan S. Morgado



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