Semblanza de Deschapelles

por Silvia Méndez y Sergio Ernesto Negri
12/11/2020 – El francés Alexandre Louis Honoré Le Breton des Chapelles: Deschapelles fue reconocido, tras la muerte del gran Philidor (1726-1795), y por un lapso de quince años, como el mejor ajedrecista al dominar el panorama en el afamado Café de la Régence donde se concentraba la práctica del juego en Europa, hasta cuando cae derrotado por su dilecto alumno, Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1795-1840). Su tiempo fue marcado a sangre y fuego por la impronta política de Napoleón Bonaparte (1769-1821), a cuyas fuerzas se uniría el ajedrecista-guerrero. Artículo por Silvia Mendez y Sergio Ernesto Negri. | Imagen: Wikipedia

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Alexandre Deschapelles

Datos biográficos de Deschapelles por Sergio Negri

Deschapelles nació el 7 de marzo de 1780 en Ville d'Avray, comuna ubicada en los suburbios occidentales de París, habiendo de fallecer en la capital del país el 27 de octubre de 1847.

Su familia era parte de la aristocracia local, esa que fue tan cuestionada por los valores de la Revolución Francesa de 1789. Sin embargo el futuro ajedrecista prontamente se sumó a la causa revolucionaria.

Su padre, que había nacido del otro lado del Atlántico, en Nueva Orléans (EE. UU.), ciudad en territorios bajo dominio francés, se llamaba Louis Gatien le Breton. Era el conde de Chapelles (de allí el nombre del ajedrecista) y trabajó como guard de corps en el Palacio de Versalles.

El hijo, que era uno de los tres hermanos, estudiará en la Academia Militar de Francia, en la comuna de Brienne, el mismo sitio donde unos años antes Napoleón había recibido su formación profesional. Cuando su familia se mida en 1794 a Alemania buscando escapar de un clima local que le era hostil, el ajedrecista permanece en el país terminando por inscribirse  en el ejército del corso, un reconocido entusiasta ajedrecista, bajo cuyas órdenes combatirá (aunque no hay registros ni alusiones de que se hubieran cruzado en partida de ajedrez alguna).

Deschapelles, entonces, dio evidencias que lo suyo sería el combate dentro y fuera del tablero. Su vida cambia radicalmente cuando, a los 14 años de edad, es protagonista de una situación desgraciada: al participar de la batalla de Fleurus, el 26 de junio de 1794, pierde su mano derecha y recibe una cortante herida en el rostro dejándole un defecto visible (su parte derecha quedará desfigurada por efectos del sablazo recibido). Con todo,  permanece en la fuerza, habiéndoselo de reasignar a tareas de logística.

Estando en Berlín, en un club de ajedrez fundado por Federico II de Prusia (1712-1786), otro aficionado al juego se impone, conforme sus dichos (los que siempre podrían ser relativizados ya que era proclive a la exageración al referirse a sus talentos y logros), a tres de los mejores ajedrecistas locales que jugaron en consulta enfrentándolo, ganándoles en dos ocasiones y empatando la restante partida, las que se celebraron poco después de la batalla de Jena del 14 de octubre de 1806, en donde se impusieron las fuerzas napoleónicas. Por ende, al menos hasta ese momento, los franceses parecían ir imponiéndose dentro y fuera del mundo de 64 escaques.

Más aún, Deschapelles dijo que en Berlín y en Hamburgo logró vencer a todo aquel que lo enfrentara, incluso otorgándole ventaja material de una torre. En realidad el francés sólo se disponía a jugar si confería ventajas a sus rivales, tal era el nivel de su confianza y sus deseos de evidenciar superioridad.

En 1808, en el otro frente del país, el occidental, Deschapelles fue parte de las tropas que se enfrentaron a las españolas, oportunidad en la que resultó capturado aunque sabrá escaparse.

Su vínculo con lugartenientes de Napoleón era tan estrecho que, al momento de la batalla de Waterloo, es decir hacia junio de 1815, se lo pensaba nombrar General, lo que no sucedió en esa oportunidad por la derrota francesa.

En tiempos de paz, Deschapelles desarrolló sus innatas habilidades ajedrecísticas, fundamentalmente en el Café de la Régence, el centro ajedrecístico europeo de la época, adonde acudían personas de otros sitios, no sólo de países europeos (entre ellos de una Italia que había dado tantos buenos exponentes en los siglos anteriores, siendo el último talento peninsular tal vez Verdoni, un ajedrecista que también supo brillar en París hasta el año de 1804 en que murió), sino también extracontinentales (se recuerda por caso la visita de Benjamin Franklin). Ser el mejor en el Café de la Régence podía significar ser considerado el mejor ajedrecista del mundo.  Y ese fue el caso de Deschapelles durante bastantes años.

En su época de apogeo el francés vencerá en París en 1821 al escocés John Cochrane (1798-1878), a quien se sindica como el padre de la escuela inglesa (así lo proclama Howard Staunton) donde, de hecho, predominó hasta la aparición del irlandés, prematuramente malogrado, Alexander McDonnell (1798-1835).

Cochrane viajó varias veces a la India, donde se llegó a asentar; en ese contexto jugó en el Club de Ajedrez de Calcuta. En la tierra del chaturanga, jugó al ajedrez especialmente ante dos exponentes locales: Moheschunder Bannerjee y  Saumchurn Guttack, quienes pareciera que gustaban jugar con fianchettos. De ahí provendría la denominación de Defensas Indias que se popularizó desde entonces hasta nuestros días para esa modalidad de juego.

Deschapelles, dándole ventaja de salida y de peón (el ubicado delante de su alfil rey), lo derrota a Cochrane por un contundente 6 a 1, iniciando una porfía que sería un clásico de aquellos años: la que enfrentaría a jugadores provenientes de los países ubicados a ambos lados del Canal de la Mancha (los que también solían luchar en otra clase de conflictos más reales, evidenciando que el ajedrez era una simulación de las batallas).

El francés era considerado bastante presumido y, por eso, se daba el lujo de conceder esa clase de privilegios a sus rivales. A pesar de las ventajas conferidas, evidenciando la calidad de su juego, solía imponerse fácilmente.

Su controvertida personalidad inspiraba sentimientos muy extremos: algunos lo adoraban; otros le temían o despreciaban. Su figura era imponente: se destacaba por ser alto, atractivo y con un paso tan decidido que le agregaba arrogancia física a su ya expansiva y por momentos altisonante personalidad.

En aquel mismo año de su encuentro de 1821 con Cochrane, otro británico lo confrontó: fue William Lewis (1787-1870), uno de los jugadores que se ocultó adentro del autómata “el Turco”, ese dispositivo que se presentaba como una máquina de ajedrez, pero que no era otra cosa que una farsa accionada por humanos en su interior. En aquel encuentro venció el visitante de la capital francesa por 2 a 1 (1 triunfo y dos tablas) pero, como en el caso anterior, Deschapelles le confirió la ventaja de peón y salida.  

La pérdida del predominio de Deschapelles se dio cuando su alumno, de La Bourdonnais, tras progresar rápidamente, lo vence en el Café de la Régence, por lo que aquel abandona la práctica del juego por muchísimos años. Se dedica entonces al whist, juego en el que también se destacaría. Su habilidad por los juegos era proverbial: era bueno al billar (a pesar de ser manco), a las damas polacas y al tric-trac (una suerte de backgammon). Esta predisposición lúdica, según se ha especulado, podría haber obedecido a que, cuando combatió en el campo de batalla contra los prusianos, se le abrió una herida en la cabeza que estimuló un sector neuronal vinculado a la imaginación (¿esta tesis es fantasiosa o tiene algún viso de apoyo en la ciencia?).

Pero el gallardo ajedrecista-guerrero volverá a su querido ajedrez cuando de La Bourdonnais se abocó a dirimir supremacías con McDonnell con quien jugó en Londres un encuentro en 1834 a 88 partidas, una lid tan extenuante que dejó claras secuelas en ambos. De hecho el local habrá de fallecer al año siguiente mientras que su rival perecerá unos años más tarde.

Con un de La Bourdonnais instalado del otro lado del Canal de la Mancha, donde verá su fin en 1840, Deschapelles vuelve a recuperar ese espacio preciado que supo ocupar en el pasado, el de ser considerado el mejor jugador de entre todos los concurrentes al Café de la Régence. Regresa entonces este a su vieja pasión en 1836 cuando enfrenta a su compatriota Pierre Charles Fournier de Saint Amant (1800-1872), con quien iguala un match (una ganada para cada uno y unas tablas). Y más tarde lo vencería, en 1842, con tres triunfos, dos derrotas y sin tablas.

En cierto momento de su vida Deschapelles decide mudarse al campo en un tiempo en el que fue detenido acusado por ser parte de un complot contra el rey Luis Felipe I (1773-1850). Abandona entonces París y se dedica a cultivar fruta y verdura, siendo en esta nueva actividad también exitoso al armar un emprendimiento que resultó muy rentable. Pero regresa definitivamente a la capital en los años cuarenta, por sus problemas de salud, para estar cerca de los médicos que lo atendían.

En Edo Historical Chess Ratings, un sistema de medición que analiza retrospectivamente la fuerza ajedrecística de los jugadores, cuyos primeros registros corresponden a 1811, en la primera nómina relativamente completa que publica (con más de diez ajedrecistas) que es del año 1820, lo ubica a Deschapelles como el N° 1 del mundo, posición que mantendrá un año más. Regresará a la punta en 1841, tras la muerte de de La Bourdonnais, pero perderá ese rango con el avance de Staunton.


Análisis astrológico

Por Silvia Méndez

Estamos frente a un análisis con poquísimas fechas certeras que permitan asociar los eventos  y, por consiguiente,  deducir el horario de nacimiento de este grandioso ajedrecista, con la rigurosidad necesaria.

No obstante ello, comenzaré desde lo general a lo particular: Deschapelles pertenecía a una familia de militares y él mismo siguió esa carrera. Eso es muy propio y afín al signo de Aries o Escorpio (ambos regidos por Marte). Vemos que en su carta tenemos a la Luna ubicada en Aries, así como a Marte y a Venus en ese  mismo signo, con lo cual ellos podrían estar elevados en su carta natal.

Vivió en Versalles durante los diez primeros años de su vida, muy apropiado con el simbolismo del planeta Júpiter (residencia amplia, imponente, y/o vinculada a lugares “reales” o religiosos).  

Tenemos una fecha cierta: la de su muerte. Pero también observamos que cundo tuvo 14 años fue un periodo  tremendo. Su vida sufrió cambios inesperados y contundentes: en primer lugar, su familia lo abandonó y se fue a vivir a Alemania; debido a ello,  tuvo que abandonar la Academia donde cursaba estudios; se alistó en las tropas de Napoleón y participó en una batalla el 26 de junio de 1794 (la segunda fecha certera) donde perdió una mano y sufrió un severo sablazo que le atravesó la cara. Lo cual lo obligó a estar internado y atendido.

Esto puede hacer pensar que Mercurio (brazo, manos) o el signo de Géminis cobren importancia. Podría coincidir con una posición de ese planeta en la casa 8, o ser regida por algún planeta que simbolizara el hecho. Observamos en su carta natal la cuadratura entre Mercurio y Urano justamente ubicado en el signo de Géminis: esto ya es simbología de algo contundente o inesperado que le podría ocurrir en un brazo.

Después de mucho analizar e investigar, he arribado a un muy posible Ascendente en el signo de Leo.

De ese modo Kirón (herida, enfermedad) en Aries (cara), queda elevado en el  Mediocielo aspectando al Ascendente (cuerpo físico, apariencia física).

La crítica casa 8 (episodios cercanos a la muerte, cirugías, etc.) queda así posicionada en el signo de Piscis (internaciones críticas, aislamientos, tratamientos algo prolongados) y, siendo así, la casa que alberga a Mercurio (brazos, manos) y al Sol.

La Luna, en los primeros grados de Aries y opuesta a Neptuno en la casa 9, concuerda con el abandono familiar (Neptuno/Luna), así como que la familia se instala en el extranjero.

Este Ascendente en Leo ayudaría a explicar el “jopo” en su peinado.  Un Sol con Mercurio, ubicados en la casa 8, señalaría un destino ligado a experiencias críticas con encierros. La Luna regente de la casa de los encierros o prisiones está en la casa 9, el extranjero.

Ese Ascendente en Leo lo asocia con el “juego”.  Un Mediocielo en  Aries coincidiría, tanto con un padre ligado a lo militar, como con una propia  actividad ligada a las armas,  y el hecho de que el signo de Tauro ocupa buena parte de la casa 10 también concuerda que, con el paso del tiempo, lo ligaría al cultivo del trabajo en el campo, cultivando y cosechando  el melón pero también produciendo faisanes (¡el melón es una fruta asociada con el signo de Aries!).

Su hechura psicológica señala un individuo muy sensible e intuitivo, con una mente ensoñadora, pero muy inteligente, con chispas de ingenio y alta inteligencia (Mercurio cuadratura a Urano). También alguien muy luchador y aguerrido (Luna, Marte y Venus en Aries), con necesidad de competir, liderar y  ganar.

También ese dejo de arrogancia, señalado por quienes lo conocían o se relacionaban con él, está bien simbolizado por la oposición entre Marte y Júpiter (este último planeta que tiende a exagerar o a “agrandar” los comportamientos del individuo).

Por lo tanto, y a la luz de los escasos eventos obtenidos y  señalados en su biografía, es que propongo un horario rondando las 14.40  horas del día 7 de marzo de 1780.

Veamos cómo reverberan los eventos con fechas ciertas: nos situaremos en el impactante año 1794, en el cual su vida atravesó tantas peripecias críticas.

  1. Batalla de Fleures.  26 junio de 1794

La casa 8 de la carta dirigida queda en 16 grados de Piscis en conjunción a Mercurio natal (mano). El planeta Neptuno dirigido queda en quincuncio (aspecto de salud) al Sol (energía vital, regente del Ascendente).

La Luna (regente de la casa 12: aislamiento, internaciones) aspecta a Mercurio (mano). El Sol y Mercurio quedan sobre la Luna y opuestos a Neptuno (el abandono familiar).

Kirón (herida) en Aries (cara) aspecta al Ascendente y está en trígono a la casa 6 (salud del individuo).

Por otro lado Mercurio también rige sus estudios (casa 3) y, al tocar a la Luna, simboliza también “cambios” o “mudanzas”. En efecto, antes de la batalla, él tuvo que dejar sus estudios abandonado la residencia donde estudiaba.

Veamos la carta “diaria” del día de la batalla:

Observamos tránsitos fuertes: Urano en trígono a Marte natal señalando un evento inesperado y violento.  Urano rige a Acuario, que es la casa 7, que es el área de los enemigos declarados. Asimismo el Marte del cielo, sobre la oposición Marte/Júpiter natal, amplificando la agresión, mal dispuesto en Libra y aspectando la casa 4, en una posición clara de desventaja. El Sol de ese día, opuesto a Plutón, se ubica en la casa de la salud. El Ascendente diario aspecta la crítica casa 8.  Júpiter, regente de dicha casa, repite el aspecto natal y sale en aspecto por el Mediocielo.

  1. El 14 de octubre de 1806 juega en Berlín:

Mercurio y el Sol dirigidos aspectan por trígono al Ascendente. La Luna está en trígono a la Parte de la Fortuna.  Urano en trígono a Mercurio natal (Urano/contienda/casa 7 y Mercurio regente de casa 2 y 3: es posible que haya tenido ganancias por el juego) y al Sol regente del Ascendente.

Finalmente, veamos la fecha de su muerte, 27 octubre de 1847:

Ascendente dirigido opuesto a Venus (planeta que rige la casa del fin de la vida). El Mediocielo en semicuadratura al mismo planeta.

Plutón trígono al Ascendente (Plutón natal en la casa de la salud).  El Nodo Sur conjunción con el mencionado Plutón natal.

Júpiter regente de casa 8 cuadrando a la Luna natal. Urano dirigido trígono al Mediocielo.

Este evento lo voy a testear también con otra técnica, muy utilizada por los árabes y legada por Alí Ben Ragel en su libro Conplido de Iudizios de las Estrellas.

Hay varios “atacires” o indicadores para “ver” el evento de la muerte de un individuo.

Uno de ellos es el Atacir C96, que consiste en multiplicar la casa 8  (la muerte)  por 12 (las 12 casas).

Los atacires del Sol y Mercurio cuadran a la Luna natal. El Atacir de la Luna en cuadratura a Mercurio natal en la casa 8.  El Atacir de Neptuno regente de casa 8 cuadra a Mercurio natal. El Atacir de Urano conjunto a la casa 8. El Atacir del Ascendente conjunto al Mediocielo.


 




Silvia Méndez es de nacionalidad argentina. Graduada en Relaciones Humanas en la Universidad del Salvador y egresada de la carrera de Administradores Gubernamentales (1985-1987) dictada en el INAP. Sergio Ernesto Negri nació en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Es Maestro FIDE. Desarrolló estudios sobre la relación del ajedrez con la cultura y la historia.
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