Del crepúsculo al amanecer

por Andre Schulz
10/10/2026 – Los lectores más veteranos lo recordarán. Antiguamente, antes de la invención de internet, para jugar al ajedrez había que encontrarse en persona. En las partidas de blitz, los jugadores se sentaban frente a frente, se miraban e incluso conversaban. Era una actividad social y, en ocasiones, bastante bulliciosa. Hace un par de semanas tuvo lugar en Hamburgo una reunión secreta de veteranos. El lema fue «Del crepúsculo al amanecer».

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Contra el aislamiento digital

En épocas pasadas, la cultura ajedrecística se había extendido en muchos países. La gente se reunía en cafés, conversaba sobre temas de moda y, al mismo tiempo, jugaba al ajedrez. Hay que admitir que algunas carreras académicas terminaron antes de tiempo debido a las constantes visitas a los cafés de ajedrez, y algunos premios Nobel acabaron en manos de otros. Si los cafés estaban cerrados, o si habían echado a los jugadores porque siempre hacían demasiado ruido y consumían demasiado poco, simplemente se reunían en casas particulares, preferiblemente en grupo.

Por supuesto, jugaban partidas de blitz. En grupo podían organizar pequeños torneos o hacer comentarios sarcásticos desde fuera sobre las jugadas que se disputaban. Como todos sabemos, desde fuera siempre se ve mejor. Cuanto más avanzaba la velada, más imprevisibles y emocionantes se volvían las partidas. El consumo constante de bebidas estimulantes aumentaba la diversión, pero también el componente de azar. No había silencio de torneo, sino Slade o cualquier otro estruendo musical a todo volumen. Las historias sobre combinaciones brillantes podían repetirse durante décadas. Se forjaban amistades para toda la vida.

«Disfruta del tiempo, pues solo vives en el aquí y ahora. Mañana no podrás recuperar el ayer, y el después llega antes de lo que imaginas».

Y entonces se inventó internet. Ahora se puede jugar al blitz en cualquier momento y lugar. Y contra cualquier persona del mundo. Naturalmente, eso es algo maravilloso. Ya no hace falta ir a un café de ajedrez para jugar al blitz, ni tampoco participar en un torneo de rápidas en el club... Sin embargo, el ajedrez se convirtió en una actividad bastante anónima. No ves a tu rival en línea, no sabes dónde vive ni conoces su nombre. Los nombres de usuario son anónimos. Tampoco se puede hablar de la partida. No hay tiempo: ¡siguiente partida! Todas las partidas quedan registradas digitalmente. Pero ¿quién necesita eso? ¿Dónde está la cultura ajedrecística?

Un veterano aficionado al ajedrez de Hamburgo —que prefiere permanecer en el anonimato— ha tenido ahora una buena idea. Para revivir los viejos tiempos, organizó un torneo privado de ajedrez, como los de antes.

Invitó a todos los amigos ajedrecistas con los que, desde su juventud, se había reunido para jugar al blitz de manera distendida a lo largo de su recorrido vital por el norte de Alemania. En Hamburgo-Stellingen encontró un lugar adecuado para el evento. Los que en otra época habían sido jóvenes jugadores aceptaron encantados la invitación. Se reunieron casi 40 aficionados al ajedrez, entre ellos incluso algunos que nunca habían conocido una vida sin internet ni teléfonos móviles.

Como se trataba de un evento privado, las fotografías que aparecen aquí solo pudieron tomarse con una cámara oculta, pero al menos pudieron tomarse. La tensión de las partidas se percibe claramente.

El torneo se celebró bajo el lema «Las 12 horas de Stellingen»; es decir, un maratón de blitz, algo así como «From Dusk till Dawn» («Del crepúsculo al amanecer»). Comenzó a primera hora de la tarde, al estilo clásico: con rondas preliminares y un sistema de ascensos y descensos. El jugador situado en la cabecera de la mesa anotaba el resultado y daba la vuelta al tablero.

Sin embargo, no todo era completamente retro. Los modernos relojes digitales permitieron utilizar un ritmo de juego de 3+2. Eso no existía en los viejos tiempos: solo había relojes analógicos, que a veces recibían fuertes golpes durante el blitz porque los botones de la parte superior solían atascarse.

También volvió a haber música. Slade sonó de nuevo. El torneo privado estaba mejor organizado que muchos eventos oficiales. Hubo pausas, pastel y, más tarde, sopa. Había cafeteras disponibles para ayudar a mantener el estado de alerta, al menos al principio. Después del anochecer, los participantes pasaron a bebidas más alegres.

El torneo oficial ya había terminado alrededor de las once de la noche, pero todavía no se había alcanzado el objetivo de duración previsto para el maratón. Para los ganadores de los premios, el misterioso organizador había reunido algunos galardones procedentes de su propia colección. Lleno de entusiasmo, había pintado personalmente el trofeo del vencedor con auténtica pintura dorada.

Preparativos del torneo

Una vez finalizado el torneo oficial, los amigos ajedrecistas pasaron a jugar partidas informales de blitz. Hacia la una de la madrugada solo quedaba el núcleo más resistente, aunque todavía representaba una cuarta parte del grupo inicial. Entonces alguien propuso que los jugadores restantes disputaran un torneo de blitz de verdad. Y así lo hicieron.

¡Una actividad muy recomendable!


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Bent Larsen (1935–2010) was the greatest chess player in Danish history, and for a time, the second-strongest player in the Western world behind Bobby Fischer. Between 1954 and 1971, he won the Danish Championship six times, and achieved numerous international tournament victories throughout his career. 
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Es el editor jefe de la web de ChessBase con noticias en alemán. Forma parte de ChessBase desde 1991 y lleva la web alemana desde 1997.
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