El discreto encanto del ajedrez

por Uvencio Blanco Hernández
28/12/2020 – Efectivamente, el juego de ajedrez es por su origen y propia naturaleza, un juego de carácter eminentemente intelectual. Y así es considerado porque esta disciplina cumple con una serie de características que –contemporáneamente- se consideran propias de los juegos. Las principales, son las siguientes: es una actividad voluntaria, presenta un fin determinado, tiene límites, estimula las habilidades cognitivas, promueve valores, modela el carácter, ejerce una función terapéutica y social, evoluciona y, además, es divertido. Artículo por Dr. Uvencio Blanco. Imagen: “La defensa de Troya” by Michael Cheval

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El ajedrez como manifestación intelectual

  • El arte esta intrínsecamente relacionado con el placer; en particular, el placer intelectual. Entendido este, como la satisfacción de las necesidades espirituales y/o intelectuales de quien le aprecia.
  • El ajedrez ha acompañado el nacimiento, desarrollo y caída de muchas civilizaciones; y sobrevivido a ellas a lo largo de un lapso de tiempo superior a los 15 siglos. Durante este largo tránsito milenario y transcontinental, el juego de ajedrez también ha sido visto como un arte.
  • Marcel Duchamp, uno de los artistas plásticos más influyentes de principios del S. XX, afirmó que: “He llegado a la conclusión de que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas.” Se trata de una declaración propia de los fundadores del dadaísmo en aquel bullicioso Cabaret “Voltaire” de la Zurich de 1916.

En su desarrollo se trata de un juego de tipo secuencial porque los jugadores hacen movimientos alternos. Primero juega el conductor de las piezas blancas y luego el de las negras, y así sucesivamente, hasta la finalización de la partida; cuyo resultado puede ser: ganar, perder o empatar.

De hecho, conjuntamente con otros juegos como el xiangqi, el gó, el bridge y el póker, el ajedrez forma parte de los llamados “juegos de la mente” por ser actividades en las que su desarrollo está predominantemente asociado a una estrategia abstracta. A tal efecto, existe una organización internacional de “Juegos de la Mente” cuyas competiciones se celebran cada dos años.

Así mismo en tanto juego, desde su remoto origen en Egipto, India, Persia o China, el ajedrez ha acompañado el nacimiento, desarrollo y caída de muchas civilizaciones, y sobrevivido a ellas evolucionado tanto en su estructura y formas del tablero y de las piezas; así como en el valor de las piezas, sus leyes, reglas y normativa de alcance universal; a lo largo de un lapso de tiempo superior a los 15 siglos. Durante este largo tránsito milenario y transcontinental, el juego de ajedrez también ha sido visto como un arte.

El arte está intrinsecamente relacionado con el placer intelectual

La psicología ha demostrado algo que desde hace siglos intuíamos: a partir del análisis de las obras de arte, existen reglas estéticas que influyen en que consideremos bello un objeto artístico.

Ocurre que, eso que llamamos arte, se manifiesta a través de una característica que le es fundamental: estimula en nosotros una respuesta emocional. Generalmente este impacto en nuestras emociones, que en muchos casos nos agita y exacerba el espíritu, está a su vez asociado a otros sentimientos y nociones como el de belleza, perfección y estética del ser humano.

El arte esta intrínsecamente relacionado con el placer; en particular, el placer intelectual. Entendido este, como la satisfacción de las necesidades espirituales y/o intelectuales de quien le aprecia.

Esta conceptualización parece ser común a dominios tales como la pintura, la escultura, la música y el ajedrez, entre muchas otras. Y no proviene de discusiones recientes.

En relación con el ajedrez Diderot, filósofo francés del S. XVIII, afirmaba que:

“El juego de ajedrez que todo el mundo conoce, y que muy poca gente juega bien, es de todos los juegos mentales, el más instruido, y uno en el que la   extensión y la fuerza del espíritu se puede notar más fácilmente”.

Duchamp y los dadaistas del Cabaret Voltaire de Zúrich

En este sentido, grandes ajedrecistas y pensadores se han pronunciado a favor de esta concepción: el ajedrez como arte. Por ejemplo, Tassilo Baron von Heydebrand und der Lasa, destacado maestro de ajedrez alemán del S. XIX; historiador y teórico del ajedrez y miembro del Club de Ajedrez de Berlín y fundador de la Escuela de Ajedrez "Las Pléyades" de Berlín, consideraba que "El ajedrez es en su esencia un juego, en su forma un arte, y en su ejecución una ciencia".

El propio Marcel Duchamp, uno de los artistas plásticos más influyentes de principios del S. XX, afirmó que: “He llegado a la conclusión de que, si bien no todos los artistas son jugadores de ajedrez, todos los jugadores de ajedrez son artistas.”

Se trata de una declaración propia de los fundadores del dadaísmo en aquel bullicioso Cabaret “Voltaire” de la Zurich de 1916, entre los que destacaban Tristan Tzara, Hugo Ball, Emmy Hennings, Hannah Höch, Hans Richter, Sophie Taeuber-Arp y Marcel Janco de Rumanía, los franceses Jean Arp, Juliette Roche, Marcel Duchamp y Suzanne Duchamp.

Sin embargo, Duchamp, cuyo estilo es difícil de catalogar por ser considerado dadaísta, pre conceptualista, minimalista o cubista y, autodefiniéndose como contradictorio (“Me fuerzo en contradecirme a mí mismo para evitar conformarme con mi propio estilo”), siempre le fue fiel al ajedrez; actividad que percibía como una forma de arte.

El ajedrez y su aproximación al arte

Uno de los más importantes teóricos del S. XX, el gran maestro y médico Siegbert Tarrasch, expresaba que “El ajedrez es una forma de producción intelectual que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es una de las grandes satisfacciones, si no la mayor, al alcance del hombre...”

Más moderado en sus consideraciones, el tercer campeón mundial José Raúl Capablanca estimaba que “El ajedrez es algo más que un juego; es una diversión intelectual que tiene algo de arte y mucho de ciencia. Es, además, un medio de acercamiento social e intelectual”.

Alexander Alekhine, cuarto campeón del Orbe y uno de los más finos atacantes de la historia, expresó varias frases memorables respecto a la relación del ajedrez con la belleza y el arte. En una ocasión afirmó que:

“Concibo el ajedrez como arte y no como juego”; en otra “Considero que es un arte y me hago cargo de todas las obligaciones que eso implica. Todo ajedrecista destacado y con talento no es que tenga el derecho, es que tiene la obligación de considerarse artista”. Más adelante, estas otras: “Alguna vez los hombres tuvieron que ser semidioses; si no, no habrían inventado el ajedrez” y, “La verdadera belleza del ajedrez consiste en la lucha elemental entre diferentes personalidades”.

Por su parte, Mihail Tahl, el llamado “Mago de Riga” fue contundente al expresar que "El ajedrez, en primer lugar, es un arte."

En relación con este tema, el llamado padre del ajedrez soviético y varias veces campeón mundial Mihail Botvinnik, sostenía que “El Ajedrez es arte y cálculo”

Mientras que el genio americano Bobby Fisher opinaba que “El ajedrez es ciertamente un arte…” El propio Anatoly Kárpov, sucesor de Fischer en el trono apreciaba que “El ajedrez lo es todo: arte, ciencia y deporte”.

Isaac Linder, historiador del ajedrez decía que “El ajedrez, que reúne orgánicamente elementos del arte, la ciencia y el deporte, a lo largo de los siglos ha constituido parte inalienable de la cultura y la civilización mundial”.

Igualmente, Stuart Rachels, maestro internacional de los EE.UU. y profesor asociado del Departamento de Filosofía de la Universidad de Alabama, considera que "Los grandes juegos de ajedrez son impresionantes obras de arte".

Por otro lado, hay quienes le asignan a este juego un carácter guerrerista; pasando por alto que –en realidad- el ajedrez es la simulación de una batalla en la que se enfrentan dos inteligencias; dos visiones diferentes, con sus principios y estrategias relativas a cómo vencer al otro sobre un terreno, en el cual las condiciones iniciales son idénticas para cada uno de los contendientes. En una palabra, el ajedrez es una metáfora bélica.

En esa misma línea de pensamiento, el poeta inglés Andrew Waterman, opina que "El ajedrez se parece a la escritura, la pintura y la música en ser una actividad mental obsesiva preocupada por explorar la tensión y la complicación para resolverlas en una armonía triunfante".

El “discreto encanto del ajedrez” está en el origen de obras notables que constituyen pruebas reales por su belleza, armonía y síntesis de alto intelecto humano; obras indestructibles, que el paso del tiempo hace cada vez más vigorosas. Un legado que se transmite de generación en generación.

Imagen: “La defensa de Troya” by Michael Cheval

Fuente :”Ajedrez patrimonio cultural de la humanidad” Blanco, U. 2020).

Enlaces


Uvencio Blanco Hernández, Venezuela. Comisión Mundial de Ajedrez para las Escuelas FIDE Entrenador y organizador.