El inigualable Savielly Tartakower

por Eugene Manlapao
01/01/2023 – Savielly Tartakower fue un maestro de élite a lo largo de su carrera de casi medio siglo. Aunque nunca llegó a la cima del ajedrez, se le recuerda con cariño como una figura pintoresca que enriqueció enormemente el juego milenario.

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Savielly Tartakower nació en Rostov del Don (Rusia) el 21 de febrero de 1887, de padres austrohúngaros. Pocos años después de su nacimiento, la familia regresó a Viena.

Tartakower pasó su juventud principalmente en Viena, que era entonces una de las capitales culturales más destacadas de Europa. El ajedrez también prosperó allí, ya que era el hogar de algunos de los maestros más fuertes de Europa, como Carl Schlechter, Geza Maroczy, Richard Reti y Milan Vidmar. Mientras estudiaba Derecho, Tartakower se aficionó al ajedrez y pronto dividió su tiempo entre los estudios y las competiciones. Consiguió su primer logro importante al ganar el torneo de Núremberg en 1906, convirtiéndose, a los diecinueve años, en un maestro reconocido.

La victoria le valió invitaciones a prestigiosas competiciones, y su carrera como ajedrecista profesional debía de estar ya en ciernes. Sin embargo, la Primera Guerra Mundial lo desbarató. Cuando la guerra terminó en 1918, el Imperio austrohúngaro se había disuelto y él había emigrado a Francia. Apátrida, optó por la nacionalidad polaca. En Francia, decidió convertirse en ajedrecista profesional.

Así comenzó su larga e ilustre carrera. En sus mejores tiempos, se enfrentó en torneos a la flor y nata del ajedrez de la primera mitad del siglo XX. Ganó algunos torneos y, mayormente, terminó en la mitad superior de la tabla de posiciones. Entre sus éxitos más significativos figuran las victorias en Viena 1923, Hastings 1926-1927 y 1927-1928, y Lieja 1930. También participó en los “supertorneos” de la época, como San Petersburgo 1909, Nueva York 1924, San Remo 1930 y Groninga 1946.

Dibujo de Savielly Tartakower por G. Jacoby

Dos veces campeón nacional de Polonia (1935 y 1937), formó equipo con Akiba Rubinstein para ganar el oro olímpico en Hamburgo 1930. Más tarde adquirió la nacionalidad francesa, y también se convirtió en campeón nacional de Francia en 1953.

Sus mejores años estuvieron dominados por el legendario trío formado por Emanuel Lasker, José Raúl Capablanca y Alexander Alekhine. Tartakower se vio apartado de los focos con cierta frecuencia, pero nunca se puso en duda su calibre y calidad como jugador. Logró victorias sobre Lasker y Alekhine y todos los demás grandes contemporáneos. Solo Capablanca demostró ser demasiado formidable para él, pues perdió cinco partidas contra el cubano sin ganar ninguna. Sus partidas, sin embargo, fueron todas duras luchas. En Nueva York 1924, por ejemplo, Capablanca tuvo que emplearse a fondo para conseguir una victoria en el final. Capablanca se vio obligado a desplegar un juego tan perfecto que la partida se ha convertido en un ejemplo básico de los libros de finales de torres y peones.

Sin embargo, debe haber algo más en un hombre de tan alta estima que su rastro de éxitos prácticos. ¿Qué hizo realmente grande a Tartakower? ¿Qué importancia tuvo su paso por el ajedrez entre 1905 y 1954? Pues, sencillamente, cincuenta años fueron suficientes para que demostrara sus múltiples facetas, y estableció de forma convincente que era igualmente grande como pensador, teórico, escritor y analista. Cada una de estas cualidades merece una mirada más atenta.

Tartakower, pensador y teórico

Tartakower fue un hijo de la Era Clásica, ya que cuando empezó a competir en serio en 1905, los principios posicionales de Wilhelm Steinitz ya estaban bien entendidos y asimilados. Cuando Aaron Nimzowitsch y Richard Reti abrieron nuevos caminos con su juego hipermoderno en la década de 1920, Tartakower fue uno de los primeros en emplear los nuevos conceptos. Puso a prueba sus nuevas ideas y demostró que se podía ceder el espacio y el centro en la apertura siempre que el contrajuego llegara con vigor. Este descubrimiento fue muy oportuno, ya que justo cuando algunos maestros importantes pensaban que el ajedrez ya estaba completamente definido, en realidad el juego era más rico y complejo de lo que se creía. Nimzowitsch, Reti y Tartakower abrieron una nueva frontera para la exploración y el estudio, permitiendo que el ajedrez alcanzara un dinamismo sin precedentes cuando los soviéticos dominaron la escena en la década de 1940.

Savielly Tartakower vs Eduard Lasker, Nueva York, 1924 | Foto: Wikipedia

El amor de Tartakower por las ideas conceptuales se extendió a líneas específicas de la apertura, la más significativa de las cuales es la Variante Tartakower del Gambito de Dama. En esta variante, las negras aceptan defectos estructurales a cambio de compensaciones dinámicas, lo que da lugar al rico juego que tanto le gustaba a Tartakower. Este sistema ha sido un pilar del ajedrez de alto nivel, y las opciones de ambos bandos han sido discutidas a fondo nada menos que por Garry Kasparov y Anatoly Karpov en sus enfrentamientos por el Campeonato del Mundo de 1985 y 1987.

Quizá no muchos sepan que también fue Tartakower quien introdujo la Apertura Catalana. En Barcelona 1929, los organizadores pidieron a Tartakower que desarrollara una apertura en honor de la ciudad anfitriona, y fiel a su ética ajedrecística, su creación combinó lo clásico (1. d4) con lo hipermoderno (g3). Es una de las mejores aperturas para jugar si se desea obtener ventaja contra 1...d5 por medios más sutiles, y ha sido un arma reciente de Magnus Carlsen.

Otras aperturas que introdujo, aunque con menos fanfarria, son la Variante Tartakower de la Caro-Kann y la Defensa Holandesa. La última de esta lista es la Apertura Orangután con 1. b4, pero esta es demasiado extrema para ser aceptada por el gran público.

Tartakower era un hombre fascinado por las ideas. Su búsqueda de las verdades subyacentes, junto con sus éxitos prácticos, ayudaron a impulsar el ajedrez hacia una nueva era.

Tartakower, escritor y analista

Mientras luchaba sobre el tablero, Tartakower también ejercía de periodista. Enviaba informes de torneos a periódicos y revistas, y escribir se convirtió en su oficio hasta el punto de que, con el tiempo, produjo su ópera magna, My Best Games of Chess 1905-1954 y The Hypermodern Game of Chess.

Estos libros, aunque un poco floridos, son modelos de anotación. La habilidad de Tartakower para combinar variantes con una profundidad manejable y discutir la estrategia de forma concisa los convierte en dos de los mejores materiales didácticos disponibles.

Tartakower, junto con Alekhine, estableció los estándares de calidad de las anotaciones, y sus dos libros siguen siendo relevantes hoy en día, ya que ilustran el nivel de precisión, dominio táctico y profundidad de la comprensión estratégica necesarios para alcanzar un nivel bastante alto.

Estos libros tampoco carecen de entretenimiento. Por un lado, presentan la evolución del estilo de juego de Tartakower a medida que incorporaba el hipermodernismo, y sus partidas como competidor maduro ejemplifican las deliciosamente ricas y complejas partidas del Tartakower que conocemos. Por otra parte, contienen lo que realmente hizo inimitable a Tartakower: sus aforismos.

Más conocidos como Tartakowerismos, los aforismos de Tartakower capturan con humor algunas verdades y experiencias de la vida ajedrecística. Revelan que Tartakower era un tipo inteligente, perspicaz y muy culto que casualmente jugaba al ajedrez. He aquí algunos de los más populares.

  • El ganador de la partida es el jugador que comete el penúltimo error.
  • Nunca he derrotado a un oponente sano.
  • Táctica es lo que haces cuando hay algo que hacer; estrategia es lo que haces cuando no hay nada que hacer.
  • Una partida demuestra menos que un torneo. Pero un torneo no demuestra nada en absoluto.

Las partidas, ideas, escritos y contribuciones de Tartakower al desarrollo del ajedrez dejaron un legado perdurable que todos deberíamos apreciar.

La inmortal de Tartakower

Esta partida debería haber ganado el premio a la brillantez del torneo, pero extrañamente los jueces consideraron que el ataque de Tartakower era demasiado profundo e incalculable para merecerlo. ¿Acaso los sacrificios reales no son también especulativos?

 
 

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Eugene es licenciado en Escritura Creativa. El ajedrez y la escritura son sus pasiones, y a menudo una de ellas le absorbe por completo y deja de lado la otra. Sus otros intereses son la literatura clásica, las biografías, los deportes y las artes visuales. Pasa su tiempo libre cuidando a sus dos encantadoras hijas.
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